´ (David Uclés y Arturo Pérez-Reverte)
La convocatoria de un congreso para conmemorar los noventa años del inicio de la Guerra Civil española (1936-2026) exige, por su propia naturaleza, un especial cuidado en la selección de los participantes. "1936: La guerra que todos perdimos". No se trata solo de prestigio literario o notoriedad pública, sino de competencia específica en el ámbito histórico y de una solvencia intelectual acorde con la complejidad del tema. En este sentido, puede interpretarse como un error por parte de Arturo Pérez-Reverte haber invitado a David Uclés como ponente en un encuentro de estas características.
Uclés es, sin duda, un escritor con reconocimiento literario —respaldado por premios importantes— y un traductor de formación sólida. Sin embargo, no es historiador ni especialista en la Guerra Civil, ni ha desarrollado una obra ensayística poco rigurosa sobre ese periodo tan complejo. Su trayectoria se sitúa más bien en el ámbito de la ficción y de los relatos de tono imaginativo, lo cual no lo descalifica como autor, pero sí plantea dudas sobre su idoneidad como “experto” en un congreso histórico.
La situación se habría vuelto aún más incómoda al conocerse el cartel de participantes, entre los que figuraba una figura política como José María Aznar. Ante ese contexto, puede entenderse que Uclés se sintiera fuera de lugar o superado por el enfoque y el nivel del debate, lo que explicaría su retirada del evento. No como un acto de cobardía intelectual, sino como un reconocimiento honesto de no encontrarse a la altura de lo que se esperaba de los ponentes.
Desde esta perspectiva, la responsabilidad principal no recaería tanto en Uclés (Úbeda 1990) como en quien lo eligió. Confundir prestigio literario y famoseo con autoridad histórica es un error frecuente, y más grave aún cuando se trata de un tema tan sensible como la Guerra Civil, donde la frontera entre memoria, ideología y conocimiento académico es especialmente delicada. La posterior construcción de un relato de tono antifranquista —real o percibido— podría interpretarse como un intento de justificar una posición para la que no se contaba con las herramientas intelectuales necesarias.
En definitiva, si hubo un desacierto, este fue el de plantear una mesa de expertos sin definir con claridad qué tipo de saber se necesitaba. La literatura puede iluminar la historia, pero no sustituirla. Y en un congreso histórico, la autoridad moral o narrativa no debería imponerse al rigor. David Uclé es un novelista de ficción realismo mágico y con algunos datos partidistas ce la guarra civil. Piense que se acojonó... -"¿Qué hago yo aquí entre tanto experto?". Arturo, te ha faltado invitar Fedrico Jiménez Losantos.
Arturo Pérez Reverte ha decido aular la convocatoria por temor a la ultraizquierda.

