Vox se comporta como un partido que no reconoce su condición real de minoría dentro del bloque de la derecha española. Tras las elecciones, su representación parlamentaria no le permite gobernar ni liderar mayorías por sí mismo, pero su estrategia política parece orientada a actuar como si pudiera imponer plenamente su programa. Esa actitud genera una contradicción: para diferenciarse del PP, Vox adopta un discurso de confrontación permanente con él —una especie de “España sin la España del PP”— que busca presentarse como la única derecha auténtica frente a un Partido Popular al que acusa de tibieza o de asumir marcos ideológicos del PSOE. Vox es como el perro del hortelano que ni come ni deja comer; sin embargo, mantenerse en este limbo favorece a Pedro Sánchez.
Sin embargo, esa estrategia tiene consecuencias prácticas en la gobernabilidad. Al negarse a facilitar gobiernos del PP cuando no se cumplen todas sus condiciones o cuando quiere marcar perfil propio, Vox termina bloqueando investiduras en territorios donde la suma de ambos partidos sería suficiente para gobernar. En ese contexto, el PP sostiene que Vox actúa como un aliado indirecto del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, porque impide que el bloque alternativo al PSOE pueda formar ejecutivos.
La crítica que formula el PP —expresada por su secretario general, Miguel Tellado— se basa en esa paradoja: Vox denuncia al “sanchismo”, pero con su comportamiento parlamentario termina votando lo mismo que los partidos de izquierda en momentos clave. Según este argumento, cuando Vox bloquea investiduras del PP, como ocurrió con la candidatura de María Guardiola en Extremadura, su voto coincide con el de Partido Socialista Obrero Español y otras fuerzas de izquierda. Desde el punto de vista del PP, eso convierte a Vox en un factor de bloqueo más que en un socio de gobierno.
Desde la perspectiva de Vox, sin embargo, la lógica es distinta. El partido de Santiago Abascal sostiene que su papel no es garantizar gobiernos del Partido Popular si estos reproducen —a su juicio— políticas o marcos ideológicos del PSOE. Su argumento es que cumplir con sus votantes implica no aceptar acuerdos que consideren una continuidad de las políticas socialistas.
Así, el conflicto entre PP y Vox refleja un problema estructural de las coaliciones en sistemas parlamentarios fragmentados: la tensión entre la pureza programática de los partidos y la necesidad de acuerdos para formar gobierno. Cuando esa tensión se rompe, el resultado puede ser el bloqueo institucional o incluso la repetición electoral, como amenaza en casos como el de Extremadura.
En síntesis, la tesis del PP es que Vox, al no asumir su posición minoritaria y priorizar la confrontación con el PP, termina debilitando al bloque de derechas y facilitando indirectamente la continuidad del poder de Pedro Sánchez. La tesis de Vox, por el contrario, es que aceptar gobiernos del PP sin condiciones equivaldría a renunciar a su proyecto político. Esa contradicción explica el choque estratégico entre ambos partidos.
Ramón Palmeral
Alicante, 08-03-2026


















