El control de Atocha necesita un 20% más de personal para funcionar de forma óptima
Los sindicatos denuncian que «casi todos los días tenemos incidentes, con una carga de trabajo inasumible y sin personal de apoyo». Critican la «tarifa plana» laboral que Adif impone a los trabajadores, a los que se «obliga a hacer de todo»

Jornadas extenuantes, turnos consecutivos, falta de apoyo en los puestos, ausencia de auxiliares, falta de formación, estrés, ausencia de atención por agotamiento, personal insuficiente... «Hay trabajadores que terminan su turno con ataques de ansiedad o incluso llorando. No pueden quitar la vista de la pantalla durante horas, pese a que tienen derecho a cinco minutos de descanso por cada hora trabajada porque muchas veces no hay una persona de relevo. Las condiciones son casi inhumanas cuando el día se tuerce y hay muchos incidentes, que de un tiempo a esta parte son casi todos». Este el día a día que sufren los trabajadores de los Centros de Regulación y Control de Atocha (CRC) y que denuncian a LA RAZÓN fuentes de la plantilla, que reiteran que han reclamado a sus superioresayuda, pero que ha caído en saco roto y las bajas por ansiedad se han multiplicado.
«Hay trabajadores que cuando saben que les toca controlar el tramo del accidente exigen personal de apoyo porque hay demasiado trabajo para una persona sola, pero no llega porque no hay suficiente gente formada, Es un trabajo muy duro, en condiciones difíciles y que para el personal recién llegado al CRC sobrepasa sus capacidades reales con solo unos meses de prácticas y que apenas tiene experiencia. Hay compañeros que salen destrozados incluso en días que no hay incidencias graves, solo por el exceso de trabajo que soportan. La media que se aguanta son dos años».
El CRC de Atocha cuenta con 16 puestos de control desde los que monitoriza el tráfico de la red ferroviaria, pero solo una decena son los empleados con capacidad operacional, que han pasado de controlar unos 15 trenes simultáneos a 40 en apenas seis años. La línea Madrid-Sevilla cuenta con tres tramos de control –uno a la salida de la capital hasta Toledo, otro a través de Castilla-La Mancha y una última etapa de aproximación a Sevilla–, controlados por un operador de circulación cada uno, con un supervisor de línea y un jefe de sala por encima. Los tres operadores de circulación deberían tener siempre otro de apoyo, pero no siempre es así.
Desde CSIF denuncian que faltarían cerca de una veintena de operadores en el CRC para alcanzar un nivel de seguridad óptimo. «Se trata de una carencia que la mayoría de las veces no se nota por la voluntad y profesionalidad de los trabajadores, que hacen sobreesfuerzos sin ninguna compensación, ya que los responsables de circulación no han aumentado de forma proporcional estos años desde la liberalización. Los trabajadores están sufriendo una tarifa plana de sobresfuerzos, se nos exige ya hacer de todo y en las peores condiciones. Y ya hay que decir basta».