ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

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martes, 17 de marzo de 2026

Cuba es un ejemplo de un pueblo subyugado a la tiranía castrista y herederos, así como de un Trump incompetente.

 

Trump says he can 'take' Cuba: 'I can do anything I want with it'
Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han generado una fuerte polémica internacional. Durante una comparecencia en el Despacho Oval de la Casa Blanca, afirmó que sería “un gran honor” para él “tomar Cuba”, añadiendo además que cree poder hacer “lo que quiera” con la isla, a la que calificó como una nación “muy debilitada”.






Estas palabras se producen en un contexto de creciente tensión geopolítica. Por un lado, el conflicto internacional con Irán sigue escalando, y por otro, la situación en Cuba se ha deteriorado gravemente debido a una profunda crisis energética. La isla lleva meses sufriendo escasez extrema de combustible, agravada por el bloqueo impulsado por Washington y la interrupción del suministro procedente de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. En este escenario, Trump ha intensificado su retórica contra el gobierno cubano, al que considera cercano al colapso. En repetidas ocasiones ha descrito al país como una “nación fallida” y ha insinuado diferentes formas de intervención, desde una supuesta “toma amistosa” hasta medidas más duras. Más allá de la retórica, sus declaraciones también apuntan a un objetivo político concreto: un cambio de régimen. Según diversas informaciones, Estados Unidos habría presionado para la salida del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en el marco de negociaciones discretas entre ambos países. Si no saliera por voluntad propia acabaría como Nicolás Maduro.

 


 

Sin embargo, este tipo de afirmaciones generan gran controversia en el ámbito internacional. La idea de “tomar” un país soberano no tiene base en el derecho internacional y se interpreta como una amenaza a la soberanía nacional. Además, desde La Habana se insiste en que cualquier diálogo debe basarse en el respeto mutuo y la no injerencia. Pero como ha dicho en varias ocasiones él puede hacer lo que le dé la gana como repite de presidente EEUU y Emperador del Mundo Mundi.

En paralelo, la situación interna de Cuba sigue siendo crítica. La crisis energética ha provocado apagones masivos, escasez de alimentos y un creciente malestar social. Pero nadie puede salir a la calle protestar porque es detenido y encarcelado. A esto se suma un sistema político altamente restrictivo, donde las libertades de expresión y manifestación están limitadas y la disidencia suele ser reprimida, lo que alimenta el descontento de parte de la población.

En definitiva, las palabras de Trump no solo reflejan una estrategia de presión sobre el gobierno cubano, sino que también elevan el nivel de tensión en la región. Aunque algunas de sus declaraciones parecen más retóricas que operativas, el contexto actual —marcado por crisis económicas, conflictos internacionales y cambios políticos— hace que cualquier insinuación de intervención sea observada con gran preocupación por la comunidad internacional.

En un mundo de ladrones como el nuestro no se puede vivir cercado en una isla, como si el mundo exterior no existiera.

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La Habana era este martes de todo, menos maravillosa. Sus ciudadanos, sentados en las orillas de las aceras y visiblemente agotados tras casi 24 horas sin energía eléctrica, califican la situación de la isla de "crítica" y una realidad "extrema". "Crítico. Demasiado crítico es lo que estamos viviendo. La realidad es tan crítica que ya no se puede más y por eso suceden las cosas que nunca habíamos pasado como las protestas, la gente tirándose para la calle, la escasez de alimentos", dijo a EFE Carmen de La Caridad Valdés Leyva, vecina del municipio Centro Habana.

La nación caribeña permanecía mayormente sin electricidad en la mañana de este martes después del sexto apagón nacional en menos de año y medio. Según datos oficiales, la Habana, una de las ciudades donde más rápido se está recuperando el servicio, tenía a mediodía un 45 % de sus clientes con suministro, según informaciones de la estatal Unión Eléctrica (UNE). Cuba atraviesa una grave crisis energética desde mediados de 2024 y tras el bloqueo petrolero que EE.UU. inició en enero vive una paralización casi total de la economía y el aumento del descontento social.

"No pensamos vivir esto"

En los últimos días han tenido lugar varias protestas, las más relevantes en La Habana y Morón, la última de las cuales acabó de forma violenta y con cinco detenciones. "No pensamos vivir esto y ya se está haciendo una realidad bastante fea (...) Si nos tiramos (para la calle) nos reprimen. Está la violencia y una que es madre trata de velar y 'aguantar' a los hijos para que no lo hagan. Pero llega el momento que ya no se puede más", detalló Valdés Leyva.

En Cuba la situación energética era ya crítica antes de este nuevo apagón nacional. Solo en La Habana los cortes eléctricos llegaban a 15 horas diarias de manera continua y en las provincias lo hacían por periodos de hasta dos días. Tras el último apagón masivo, las escuelas de la capital estuvieron operativas este martes sólo por la mañana; mientras el Ministerio de Energía y Minas (Minem) informaba en redes sociales que se lograba restablecer el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) con lentitud.

domingo, 18 de julio de 2021

Cuba: comunismo agotado. Cuba pide liberta. Sin Internet no hay futuro

 

Cuba: comunismo agotado

La letanía de quejas de los cubanos es larga tras seis décadas de un modelo fallido a todos los niveles que sobrevive con la represión

PlatónIlustración

Cuba está viviendo unos días extraordinarios. Las protestas masivas que han sacudido al Partido Comunista no tienen precedentes en la isla. Ni en escala, ni en alcance. Las reuniones no autorizadas por la dictadura están prohibidas. La salida a las calles requiere valentía y coraje. Los manifestantes se arriesgan a detenciones y estancias largas en la cárcel. Por eso, la última vez que se fue testigo de algo parecido fue en 1994. El país se encontraba devastado por el colapso de la Unión Soviética, su benefactor. Cuba estaba sumida en el llamado «período especial». Un tercio del PIB cayó de la noche a la mañana. La caída del imperio soviético fundió en negro a la isla. Los apagones se convirtieron en norma, igual que el desabastecimiento. Esta vez, la lista de letanías de quejas de los cubanos es llamativamente larga. Supermercados vacíos, cortes de luz, una economía quebrada, un Gobierno represivo y una asfixiante falta de libertades. Todo esto mezclado con una pandemia fuera de control. Los hashtags #SOSCuba #SOSMatanzas se convirtieron en tendencia el sábado 10 de julio. El día previo a la gran movilización. Matanzas es la provincia más afectada por la crisis sanitaria con un crecimiento exponencial de los contagios por la variante Delta. Esta semana se ha superado el récord de 6.000 casos diarios. Fuentes de la isla aseguran que los hospitales están al borde del colapso y que no quedan ni aspirinas. En un vídeo publicado en Facebook, Lisveilys Echenique, relata cómo su hermano pasó once días luchando contra la covid-19 sin recibir ningún tratamiento porque no había camas de hospital ni medicinas disponibles en la ciudad de Ciego de Ávila. Murió. El cadáver estuvo en su casa durante siete horas hasta que se lo llevaron. «El régimen presume de potencia sanitaria, mientras los cubanos sufren sus carencias», contó en estas páginas Antonio Guedes, miembro de la ejecutiva de la Unión Liberal Cubana. El mito sanitario se desmorona igual que lo hizo el modelo económico. Inhabilitado Fidel en 2008, Raúl Castro intentó reformar la moribunda economía dirigida con tímidas reformas y acercándose al Estados Unidos de Barack Obama. La resistencia a los cambios por parte de la línea dura del régimen hizo fracasar esta apertura. Hace tres años, Castro dio paso a Miguel Díaz-Canel, un burócrata del partido sin pedigrí revolucionario. Los insípidos mensajes de continuidad no han servido para ilusionar a las nuevas generaciones. La revolución está huérfana.

Los estragos de la pandemia han hundido la economía, que se ha contraído un 11% este año. Con el turismo internacional tocado de muerte debido a las restricciones a la movilidad por el coronavirus, Cuba ha experimentado una severa caída de sus ingresos. Las visitas de extranjeros empiezan a reanudarse en otras islas del Caribe, mientras el descontrol de los contagios mantiene a los turistas alejados de La Habana.

La mecha de la desesperanza y el descontento se ha propagado por la isla. ¿Cuándo se produjo la desconexión entre los cubanos y el Partido Comunista? Desde Florida, el director asociado del Cuban Research Institute en la Universidad Internacional, Sebastián A. Arcos, sostiene que, en su opinión, «la desconexión ha sido lenta y progresiva, tras largas décadas de incompetencia económica y represión política permanentes. La falta de progreso acabó con la paciencia de la sociedad, la caída de la Unión Soviética acabó con la justificación ideológica, la llegada de teléfonos móviles e internet acabó con el monopolio de información del Estado, y finalmente la muerte de Fidel Castro (2016) acabó con la poca legitimidad política que le quedaba al régimen castrista. Las protestas del pasado domingo fueron la culminación de ese proceso de desconexión». Para Arcos, la frustración es total. «La gente salió a las calles a demandar no comida ni medicinas, sino libertad y cambio de régimen. Esto representa una radicalización profunda de la sociedad en abierta oposición política a la continuidad del castrismo».

Tiananmen o colapso

Las autoridades han respondido con la misma dinámica de siempre. Cerrojazo a internet. Pero por mucho que lo deseen, el apagón digital total es inviable. Las exorbitantes tarifas que cobra el monopolio estatal de telecomunicaciones son una importante fuente de divisas para el régimen. Internet, también, es la vía de entrada de las remesas desde el exterior. La otra línea de la respuesta de Díaz-Canel ha consistido en el recurso a la fuerza bruta. El régimen ha desplegado a las «Avispas Negras», como se conoce a las fuerzas especiales, y a los «Boinas Rojas» para sofocar con balas y porras los nuevos conatos de protesta. La Policía Nacional Revolucionaria y la Seguridad del Estado han irrumpido en centenares de casas y han practicado de detenciones arbitrarias.

«Ahora mismo el régimen no muestra divisiones internas claras que faciliten una salida negociada. Están aún en la fase dura de unitarismo y represión. Esto puede cambiar si las protestas continúan y crecen. Una fractura de la élite puede conducir a negociaciones. Sin fracturas hay dos opciones, Tiananmen o colapso», analiza Arcos. La pregunta de si el Partido Comunista cubano se enfila hacia el proceso transitado por sus partidos hermanos en Europa del Este en 1989 probablemente resulte prematura. Como recordaba un compañero de oficio, hemos dado demasiadas veces por muerto al castrismo o al chavismo y ahí están. Pero Arcos destaca la profunda crisis de legitimidad política que presiona para un final del régimen ya sea por negociación o colapso. «La única manera de detener este proceso es empleando una represión total». Avisados estamos.