(Retrato a lápiz de Rafael Altamira por Ramón Palmeral 2021)
ALTAMIRA Y EL GENERAL CABANELLAS
Uno de los momentos más delicados de la vida de Rafael Altamira (1866-1951) durante los primeros meses de la Guerra Civil española en agosto de 1936, cuando se halla en su casa vacacional de Riaza (Segovia). Cuando intentó abandonar España para reincorporarse a su cargo en el Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya, fue interceptado por fuerzas carlistas —los requetés— en Vitoria y conducido a Burgos, capital política del bando sublevado. Allí tuvo que entrevistarse con el general Miguel Cabanellas Ferrer, figura clave del alzamiento militar de 1936.
La situación de Altamira era especialmente compleja. Aunque era conocido por sus ideas liberales, republicanas y humanistas, también gozaba de enorme prestigio internacional como jurista e intelectual. Desde 1921 ocupaba un puesto de juez en el Tribunal de La Haya, lo que le confería una dimensión diplomática que los sublevados no podían ignorar fácilmente. Su detención en Vitoria muestra, sin embargo, el clima de sospecha y arbitrariedad de aquellos primeros meses de guerra: incluso una personalidad de reconocimiento mundial podía ser considerada sospechosa por el simple hecho de intentar salir del país.
La entrevista con Cabanellas parece haber sido decisiva para permitirle continuar viaje. Oficialmente, el episodio quedó envuelto en cierta ambigüedad y apenas fue mencionado por Altamira en público. El texto sugiere que probablemente se alcanzó algún tipo de compromiso tácito: Altamira conservaría una estricta neutralidad pública respecto al conflicto español y evitaría declaraciones que pudieran interpretarse como apoyo abierto a la República. Esa actitud prudente era coherente tanto con su carácter moderado como con las exigencias de su cargo internacional, que requería apariencia de imparcialidad.
Sin embargo, documentos posteriores permiten entrever una realidad mucho más tensa. Las notas manuscritas de Altamira sobre el Comité de No Intervención y algunos testimonios de exiliados españoles en México indican que el encuentro con Cabanellas estuvo lejos de ser cordial. Altamira habría percibido un riesgo real para su integridad física. En el contexto de las ejecuciones sumarias y de la violencia política desatada en el verano de 1936, su temor no era infundado. Burgos era entonces un centro neurálgico del nuevo poder militar y las garantías jurídicas prácticamente habían desaparecido. Pienso sinceramente que Altamira se libró de un "paseo" por ser Juez Internacional de la Corte de la Haya, y su muerte hubiera sido un importante conflicto internacional.
El propio Cabanellas representa además una figura contradictoria dentro del bando sublevado. Aunque participó en el golpe militar y presidió la Junta de Defensa Nacional, mantuvo ciertas reservas hacia Francisco Franco y mostró en ocasiones una actitud menos fanática que otros generales rebeldes. Algunas fuentes han interpretado que esa relativa moderación pudo favorecer que Altamira finalmente recibiera autorización para abandonar España y se trasladó a La Haya.
El episodio tuvo consecuencias duraderas. Tras salir del país, Altamira ya no regresaría de forma estable a España y acabaría vinculándose al exilio intelectual republicano, especialmente en México, antes estuvo en el Hospital Roosvelt (actual Monte Sinai) de Nueva York por un traumatismo de cadera producida en el barco que le llevó a su exilio de Amárica. Aunque mantuvo públicamente una posición muy contenida sobre la guerra, en privado manifestó preocupación por la deriva represiva del franquismo y por el fracaso de las democracias europeas ante el conflicto español.
Ramón Palmeral
Alicante, 23-05-2026
Panteón de Rafael Altamira en El Campello donde fue repatriado desde México en febrero 2025.
Residió en El Campello, un municipio de Alicante que no solo fue su refugio de verano, sino también el lugar que hoy honra su memoria con gratitud y orgullo, y residente su descendencia. Le fue concedido el ser Hijo de Predilecto de El Campello en 1910.
"Ayer, viernes 26 de marzo de 2010, el pueblo de El Campello saldó definitivamente su deuda con la figura de Rafael Altamira. Como "es de bien nacidos, ser agradecidos", lo mismo que he lamentado desde estas páginas el olvido y el desconocimiento de muchos hacia el más importante vecino que hayan tenido jamás, es de justicia que desde estas mismas páginas, hoy agradezca los actos que ayer tarde se celebraron en este municipio. Hay que aclarar que en este año del 2010, se cumple el Centenario de su nombramiento como Hijo Adoptivo de El Campello, según consta en un Acta del 26 de marzo de 1910, siendo alcalde don Marcos Vaello Galiana. Posteriormente, el 17 de noviembre de 1934, vuelve a constar en Acta el acuerdo del Ayuntamiento de dar su nombre a la calle llamada hasta entonces de San José, y el 4 de febrero de 1936, se decide designar al Grupo escolar nº 1, como Grupo Escolar Rafael Altamira. (Alicante Vivo)
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El lunes 25 de mayo de 2026 se deposita el Legado de Rafael Altamira en el Archivo Provincial de Alicante:
Enlace al artículo: "RAFAEL ALTAMIRA: SAPIENTÍSIMO MAESTRO" en Hoja del Lunes, por Ramón Palmeral, 26 de abril de 2021
(Libro del biznieto Ignacio Ramos Altamira) (Presentado en abril de 2026 en el Juan Gil-Albert: Rafael Altamira:Pedagogo...")
Altamira por Sorolla en Valencia 1886
Con motivo del 160 aniversario de su nacimiento que lo será en 2026 y en coincidencia con su repatriación desde México en 2025, el Ayuntamiento de El Campello ha declarado el 2025 como «Año Altamira». Durante todo el año se celebran actividades culturales, educativas y divulgativas que buscan acercar su legado a todos los públicos.
















