La concentración de apoyo a Ceuta en Alicante ciudad se celebrará el
próximo
miércoles 2 de septiembre de 2026 a las 20.00 horas en la plaza del Ayuntamiento. Erróneamente la izquierda alicantina no estará porque Sánchez considera que es un plebiscito con él.
Ceuta divide a la política
española: una movilización de apoyo a la ciudad autónoma que deriva en batalla
contra Moncloa
La
convocatoria de la Federación Española de Municipios y Provincias se fragmenta
por la lectura política que hacen PSOE y PP de la crisis. La izquierda la
interpreta como un plebiscito contra Pedro Sánchez, mientras el PP reivindica
el abandono de Ceuta por parte del Gobierno y denuncia una respuesta tardía
ante la presión migratoria. Todos los que invadieron Ceuat debe regresar a Marruecos, según Vivas, pues de lo contrario de convertiría en un "efecto llamada".
La
manifestación convocada en apoyo de Ceuta ha terminado convertida en algo más
que una expresión de solidaridad institucional. Lo que formalmente nació como
una movilización de los municipios españoles en respaldo a la ciudad autónoma y
a sus habitantes se ha transformado en un nuevo frente de confrontación
política entre el Gobierno y el Partido Popular. La crisis de Ceuta abandona
así los despachos de las administraciones y llega a la calle, donde cada
concentración admite ya una lectura diferente según quién la observe.
Para el
Gobierno, la cuestión es clara: las movilizaciones no son realmente «a favor de
Ceuta», sino contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez. En Moncloa
interpretan que el PP está utilizando el respaldo institucional de los
municipios para convertir la respuesta a la crisis en un examen nacional sobre
la gestión del Gobierno.
«Las
manifestaciones son en contra del Gobierno. No a favor de Ceuta», resume un
destacado ministro. A su juicio, se trata del «modus operandi del PP», con un
elemento añadido que consideran especialmente grave: el uso de una institución
representativa de todos los municipios para escenificar una batalla partidista. Los alicantinos no comprendemos la posición de la socialista Diana Morant.
La
interpretación socialista contrasta frontalmente con la que defienden los
promotores de las concentraciones. Desde el entorno del PP se sostiene que el
problema no es Rabat, sino la dejación de funciones de Moncloa ante una
situación que se ha deteriorado durante semanas. La presión migratoria, los
despliegues militares, los miles de migrantes pendientes de una solución, los
enfrentamientos entre administraciones y la sucesión de medidas adoptadas por
el Gobierno han convertido la situación de Ceuta en un problema político de
primer orden.
Y es
precisamente esa gestión la que ahora queda expuesta a la evaluación de la
calle.
Moncloa mide el impacto de la protesta
En el
Gobierno siguen con atención el desarrollo de las concentraciones. No sólo por
el número de participantes que puedan reunir, sino por la capacidad de la
protesta para consolidar un relato político alternativo al de Moncloa.
El Ejecutivo
llega a esta jornada después de un mes de crisis en el que ha tratado de
recuperar el control de la situación mediante sucesivas decisiones. Pero
todavía no puede considerar cerrado el conflicto. Los problemas migratorios
continúan abiertos, las administraciones mantienen diferencias sobre la
respuesta y la situación de los menores y de los migrantes que permanecen en
Ceuta añade presión a un escenario ya de por sí delicado.
La calle se
convierte, por tanto, en el siguiente escenario de la batalla política.
Las concentraciones
han sido formalmente convocadas para expresar el apoyo de los municipios
españoles a Ceuta. Sin embargo, en la dirección socialista creen que ese
propósito puede quedar desbordado por el contexto político. La extensión de las
convocatorias a distintos puntos del país refuerza esa sospecha.
En Ferraz
hablan de una «clara intencionalidad política» y consideran probable que
una parte de las movilizaciones termine convirtiéndose en una protesta contra
el Gobierno y, particularmente, contra Pedro Sánchez.
El problema de los alcaldes socialistas
La
estrategia del PSOE encuentra, sin embargo, una dificultad evidente: la
presencia de alcaldes socialistas en algunas de las concentraciones.
La dirección
socialista resta importancia a esas adhesiones y sitúa a los regidores que han
decidido participar al margen de la posición oficial del partido en la
categoría de «versos libres». Pero esa explicación tiene un límite político: si
alcaldes del PSOE participan en actos de apoyo a Ceuta, resulta más difícil presentar
toda la movilización como una operación exclusivamente diseñada por el PP para
atacar a Moncloa.
Ese es uno
de los elementos que más incomodan en Ferraz. Es incríble que el propio Gobierno esté en contra de la manifestación pro Ceuta.
La cuestión
deja de ser entonces quién convoca y pasa a ser qué significado adquiere la
protesta una vez que llega a la calle. Una movilización puede tener un
origen institucional y, al mismo tiempo, convertirse en un vehículo para
expresar el malestar existente con la gestión gubernamental.
Una disputa por el relato
El
enfrentamiento tiene también una dimensión semántica. Para el PSOE, el PP
intenta transformar una crisis territorial y migratoria en un plebiscito sobre
Sánchez. Para el PP, el Gobierno intenta desviar la atención de su propia
responsabilidad presentando como partidista cualquier crítica a su actuación.
En medio
queda Ceuta.
La ciudad
autónoma corre el riesgo de convertirse en el escenario de una discusión
política mucho más amplia: hasta qué punto la respuesta del Estado ha sido
suficiente, quién ha asumido el liderazgo de la crisis y qué responsabilidades
corresponden a cada administración.
El PP trata
de situar el foco en lo que considera una dejadez extrema de Moncloa. El
Gobierno, en cambio, acusa a los populares de aprovechar una situación
excepcional para construir una movilización política nacional contra Sánchez.
Ninguna de
las dos partes parece dispuesta a aceptar el marco de la otra.
Ceuta como símbolo de una crisis nacional
La
importancia de las concentraciones reside, por tanto, menos en su carácter
formal que en el significado político que puedan adquirir. Si la movilización
consigue reunir a ciudadanos y representantes municipales de diferentes
sensibilidades, el PSOE tendrá dificultades para reducirla a una iniciativa
exclusivamente partidista. Si, por el contrario, las protestas incorporan
consignas y mensajes directamente dirigidos contra Sánchez, Moncloa encontrará
argumentos para defender su tesis de que la convocatoria nació como apoyo a
Ceuta pero terminó convertida en una manifestación contra el Gobierno.
La disputa por
el relato ya ha comenzado.
Y mientras
PSOE y PP intercambian acusaciones, la cuestión de fondo permanece abierta: qué
respuesta debe dar el Estado a una Ceuta sometida a una presión extraordinaria
y quién debe asumir políticamente el coste de una crisis que todavía no puede
darse por cerrada.
La
movilización estaba llamada a ser un gesto de respaldo a una ciudad autónoma.
Se ha convertido, sin embargo, en un nuevo capítulo de la confrontación entre
el Gobierno y la oposición.
En esta
batalla, Ceuta es el motivo. El verdadero campo de disputa es Moncloa.
Ramón Palmeral
Cronista independiente
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Enlace a las ciudades que la convocan: ALICANTE CON CEUTA
El Debate