- Número de catálogo del Museo del Prado
- P006248
- Autor
- Heliodoro Guillén Pedemonti
- Título
- La última borrasca
- Fecha
- 1892
- Técnica
- Óleo
- Soporte
- Lienzo
- Dimensión
- Alto: 130 cm; Ancho: 210 cm
- Procedencia
- Adquirido al autor, 1893; Museo de Arte Moderno, 1896-1871.
- Fecha de ingreso
- 1971
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- Relato de Ramón Palmeral:
El día después de la borrasca
A finales del siglo XIX, una violenta borrasca cayó sobre la costa alicantina cuando nadie la esperaba. El amanecer había sido tranquilo, pero al caer la tarde el viento de levante comenzó a rugir con una fuerza desconocida. Las olas crecieron como montañas oscuras y el mar, que tantas veces había dado sustento a los pescadores, se convirtió en una trampa mortal.
Aquella noche, una pequeña embarcación pesquera de vela latina luchó inútilmente contra la tormenta frente a las aguas de Alicante. Cuatro pescadores, hombres curtidos por años de trabajo y salitre, intentaron alcanzar la costa, pero el temporal no tuvo piedad. La barca de vela latina desapareció entre la espuma y la oscuridad. Al amanecer, los vecinos encontraron restos del aparejo flotando cerca de las rocas. Los cuatro hombres habían muerto. Su cadáveres aparecieron en la orilla de la playa una semana después
La noticia recorrió el barrio del Raval Roig como un lamento. Las mujeres cerraron puertas y ventanas; los niños guardaron silencio. En una humilde casa blanca junto al mar se reunieron las familias de los fallecidos, esperando el consuelo que nadie podía ofrecer.
A la mañana siguiente llegó el cura, don Alfonso Crespo, vestido con sobrepelliz y estola. Llevaba el viático y caminaba lentamente acompañado por dos monaguillos que sostenían ciriales. Sus pasos resonaban sobre las piedras del camino mientras los vecinos inclinaban la cabeza a su paso.
Frente a la vivienda de los difuntos, varios compañeros de faena permanecían sentados sobre un viejo muro de piedra. Nadie hablaba. Las manos callosas descansaban sobre las rodillas y las miradas se perdían en el horizonte. A sus pies, las redes de pesca colgaban extendidas para secarse, como si la vida cotidiana continuara indiferente al dolor de los hombres.
Y, sin embargo, el cielo parecía burlarse de la tragedia. Era de un azul claro y luminoso, el azul limpio del Mediterráneo después de la tormenta. No quedaba una nube. El mar reflejaba destellos de plata bajo el sol y una suave brisa movía las redes. Parecía imposible que apenas unas días antes aquellas mismas aguas marinas hubieran reclamado cuatro vidas.
Don Alfonso se detuvo un instante antes de entrar en la casa. Miró a los pescadores sentados en el muro y después al mar tranquilo. Conocía bien aquella lección de la costa: el tiempo cambia con la misma rapidez con que cambia la fortuna de los hombres.
La escena quedó grabada para siempre en la memoria del barrio. Años más tarde, el gran pintor alicantino Heliodoro Guillén Pedemonti, amigo de Joaquín Sorolla, imaginó aquel momento en un lienzo. En él aparecían los pescadores abatidos junto a las redes, el sacerdote con el viático y los monaguillos ante la casa de duelo, y sobre todos ellos el inmenso cielo mediterráneo, sereno y luminoso, recordando que la naturaleza no guarda memoria de las desgracias humanas.
El cuadro mostraba el contraste eterno entre el dolor de los hombres y la indiferente belleza del mar: la tormenta había pasado, pero la ausencia de los cuatro pescadores permanecería para siempre en el corazón del Raval Roig.
- Ramón Palmeral. Alicante junio de 2026
- Cuadros de Palmeral:
- Segunda versión de "La última borrasca" de Heliodoro Guillén por Palmeral
- Paseo de Rabal Roig de Alicante pintado por Ramón Palmeral en 1999
- Versión modera de un cielo amenazador, Ramón Palmeral,1998












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