(Manifestación de docentes públicos en valencia, 15 de mayo /JM LOPEZ)
Es evidente que la forma prepotente de negociar de Pérez LLorca, del 21 mayo en las Cort, demuestra una absoluta falta de sensibilidad y de capacidad para dialogar con los docentes valencianos. Culpar a los profesores de dejar a los alumnos “solos en los patios” mientras ellos permanecen en las aulas no solo es injusto, sino también una grave falta de respeto hacia un colectivo que lleva años sosteniendo la educación pública con esfuerzo, vocación y sacrificio.
Señor presidente, cuando se negocia desde la descalificación y ofendiendo la dignidad profesional de miles de trabajadores, no se construyen acuerdos; al contrario, se agrava todavía más el conflicto y se transmite al resto de España una imagen de autoritarismo y desprecio hacia la enseñanza pública. La negociación exige escucha, respeto y voluntad de entendimiento, no imposiciones ni declaraciones destinadas a enfrentar a la sociedad con sus maestros y profesores.
“La unión hace la fuerza”, y precisamente eso es lo que han demostrado los docentes valencianos. La marea verde y amarilla ha inundado las calles de Valencia, Alicante y Castellón de la Plana, evidenciando que el malestar es profundo y generalizado. De nada sirve intentar rebajar las estadísticas oficiales cuando las imágenes de las manifestaciones muestran una movilización histórica y un respaldo masivo a la huelga educativa.
El primer día de paro, el lunes 11 de mayo, el seguimiento alcanzó, según los sindicatos convocantes —STEPV, CCOO, UGT, ANPE y CSIF— un 50,12 % de media autonómica. Sin embargo, la Conselleria intentó minimizar el impacto ofreciendo cifras considerablemente inferiores. Según los datos oficiales, el seguimiento habría descendido el martes 19 y miércoles 20 de mayo hasta el 17,63 % y el 19,61 % respectivamente.
No obstante, la realidad volvió a desmontar el discurso oficial. Precisamente el miércoles, los sindicatos consultaron a los docentes sobre la propuesta de la consellera Carmen Ortí, consistente en una subida salarial de 200 euros brutos mensuales repartidos en tres años. Participaron más de 40.100 profesores y maestros, y el resultado fue contundente: un 78 % rechazó la oferta y apoyó continuar con las movilizaciones. Apenas un 6 % se mostró favorable a aceptar la propuesta y desconvocar la huelga.
En términos absolutos, más de 31.000 docentes dijeron “no” al acuerdo planteado por la Generalitat. Una cifra que prácticamente triplica el número de huelguistas reconocidos oficialmente por el Consell en las jornadas posteriores. Estos datos reflejan con claridad que el conflicto educativo valenciano no es una cuestión de porcentajes manipulados, sino un problema político y social de gran magnitud que el Gobierno autonómico no puede seguir ignorando.
Los docentes no luchan únicamente por un incremento salarial. Defienden la dignidad de la escuela pública, unas condiciones laborales justas y una educación de calidad para las futuras generaciones. Y mientras continúe la falta de diálogo real y el desprecio institucional hacia sus reivindicaciones, las movilizaciones seguirán creciendo, porque cuando un colectivo permanece unido y decidido, ninguna estrategia propagandística puede ocultar la realidad.
Ya sabemos que Hacienda estatal (La Agencia Tributaria) tiene los presupuestos congelados desde hace tres años; sin embargo, este asunto de política nacional, no les incumbe a los docentes ni a los sanitarios, sino al gobierno de Pedro Sánchez al que le interesa que los conflictos continúan teniendo apretada la teta de los presupuestos.




















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