ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

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domingo, 14 de junio de 2026

Rafael Altamira y el general Cabanellas (dos barbudo albos) que le libró de un "paseo" en Burgos.

 

 

     (El jurista Rafael Altamira y el general Miguel Cabanellas, juntos. Creado por IA por Palmera)

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 RAFAEL ALTAMIRA Y EL GENERAL CABANELLAS

Introducción 

Nosotros los pintores nos fijamos mucho en las fisonomías de las personas, aquí tenemos dos barbudos de babas canas. Supongo, o me lo invento porque no hay documentación en los archivos, el que cuando se conocieron en Capitanía Genera de Burgos en 1936, se debieron reconocer como hijos de una misma madre, porque lo padres pueden ser cualquiera. Empatizaron en seguida y se dijeron "tú si que sabes" y el general Cabanellas lo dejo marchar en cuanto del enseño la credencia de Juez del Tribuna de la Haya..

 

 Un encuentro amable

Uno de los momentos más delicados de la vida de Rafael Altamira y Crevea (1866-1951) durante los primeros meses de la Guerra Civil española en agosto de 1936, cuando se halla en su casa vacacional de Riaza (Segovia). Cuando intentó abandonar España para reincorporarse a su cargo en el Tribunal Permanente de Justicia Internacional de La Haya, fue interceptado por fuerzas carlistas —los requetés— en Vitoria y conducido a Burgos, capital política del bando sublevado. Allí tuvo que entrevistarse con el general Miguel Cabanellas Ferrer, figura clave del alzamiento militar de 1936.

La situación de Altamira era especialmente compleja. Aunque era conocido por sus ideas liberales, republicanas y humanistas, también gozaba de enorme prestigio internacional como jurista e intelectual. Desde 1921 ocupaba un puesto de juez en el Tribunal de La Haya, lo que le confería una dimensión diplomática que los sublevados no podían ignorar fácilmente. Su detención en Vitoria muestra, sin embargo, el clima de sospecha y arbitrariedad de aquellos primeros meses de guerra: incluso una personalidad de reconocimiento mundial podía ser considerada sospechosa por el simple hecho de intentar salir del país.

La entrevista con el general golpista Miguel Cabanellas Ferrer (1872-2938) parece haber sido decisiva para permitirle continuar viaje. Debieron empatizar en seguid por sus aspectos similares o semejantes. Oficialmente, el episodio quedó envuelto en cierta ambigüedad y apenas fue mencionado por Altamira en público. El texto sugiere que probablemente se alcanzó algún tipo de compromiso tácito: Altamira conservaría una estricta neutralidad pública respecto al conflicto español y evitaría declaraciones que pudieran interpretarse como apoyo abierto a la República. Esa actitud prudente era coherente tanto con su carácter moderado como con las exigencias de su cargo internacional, que requería apariencia de imparcialidad.

Sin embargo, documentos posteriores permiten entrever una realidad mucho más tensa. Las notas manuscritas de Altamira sobre el Comité de No Intervención y algunos testimonios de exiliados españoles en México indican que el encuentro con Cabanellas estuvo lejos de ser cordial. Altamira habría percibido un riesgo real para su integridad física. En el contexto de las ejecuciones sumarias y de la violencia política desatada en el verano de 1936, su temor no era infundado. Burgos era entonces un centro neurálgico del nuevo poder militar y las garantías jurídicas prácticamente habían desaparecido. Pienso sinceramente que Altamira se libró de un "paseo" por ser Juez Internacional de la Corte de la Haya, y su muerte  hubiera sido un importante conflicto internacional.

El propio Cabanellas representa además una figura contradictoria dentro del bando sublevado. Aunque participó en el golpe militar y presidió la Junta de Defensa Nacional, mantuvo ciertas reservas hacia Francisco Franco y mostró en ocasiones una actitud menos fanática que otros generales rebeldes. Algunas fuentes han interpretado que esa relativa moderación pudo favorecer que Altamira finalmente recibiera autorización para abandonar España y se trasladó a La Haya.

Sin embargo, la invasión nazi de Holanda en 1940 le obliga a refugiarse en la ciudad de Bayona (Francia). Allí permanecerá hasta 1944, año en el que tiene que salir de Francia, de nuevo por causa del avance alemán.

Tras una breve estancia en Portugal, en la que colabora con la Universidad de Coimbra. Es invitado por la Fundación Carnegie a dar un curso en la Universidad de Columbia (Nueva York), sale en barco desde Lisboa. Un accidente fortuito durante el viaje le fuerza a cambiar de destino y se instala definitivamente en México DF, donde estaban exiliadas sus dos hijas, Pilar y Nela.

El episodio tuvo consecuencias duraderas. Tras salir de España en el 36, Altamira ya no regresaría, sin embargo y acabaría vinculándose al exilio intelectual republicano, especialmente en México DF, antes estuvo en el Hospital Roosvelt (actual Monte Sinai) de Nueva York por un traumatismo de cadera producida en el barco que le llevó a su exilio de América. Aunque mantuvo públicamente una posición muy contenida sobre la guerra, en privado manifestó preocupación por la deriva represiva del franquismo y por el fracaso de las democracias europeas ante el conflicto español.

Ramón Palmeral

Alicante, 23-05-2026