ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

viernes, 10 de julio de 2009

50 años de HEMINGWAY en Pamplona.


El joven Hemingway en Pamplona

MÁS INFORMACIÓN "El último viaje de Hemingway en España"

* La muerte de un corredor experto tiñe de tragedia los Sanfermines

JORDI Puntí

Hace 50 años, en estas mismas fechas, Ernest Hemingway visitó por última vez Pamplona y los sanfermines. En ese momento ya era un escritor muy famoso en el mundo entero. Había ganado el Nobel en 1954 y, aunque solo tenía 60 años, en las fotos de la época aparecía con un aspecto venerable, siempre con gorra y esa barba blanca y poblada que sus imitadores adoran. Dos años más tarde, el 2 de julio de 1961, días antes de que sonara un nuevo chupinazo, Hemingway se encontraba en su rancho de Idaho y se descerrajó un tiro de escopeta en la cabeza. (Para contar su suicidio siempre se utiliza este verbo –descerrajar–, quizá porque suena con un aire fiero y arisco que le va bien al personaje.) Cuentan sus biógrafos que entre sus cosas se encontraron dos entradas para una corrida que se iba a celebrar en Pamplona una semana más tarde.
Por efectos de la mitomanía, pues, el Hemingway más recordado es el de esa última visita. Sin embargo, las fiestas le deben mucho más al escritor joven. Entre 1923 y 1931, Hemingway visitó los sanfermines en seis ocasiones, seis. Hay una foto de esos años en la que se le ve con pantalones blancos y con un capote frente a un toro. Ese joven americano había estado en Italia durante la Primera Guerra y había vuelto a Europa como quien se reencuentra con una antigua novia. Le había visto la cara al miedo y su mandíbula era afilada. En esos años, cuando pasaba temporadas en París y escribía reportajes de prensa, se forjó el gran escritor. Lo comprendemos al leer ese libro de recuerdos precioso, París era una fiesta, y lo apreciamos también al releer sus primeros cuentos, que intentaba publicar en Estados Unidos para ganar dinero y no ser un pobre en París.
A mí me gusta volver, por ejemplo, a esa maravilla de la concisión que se llama Colinas como elefantes blancos. Es un relato inolvidable, con esa pareja –un hombre y una chica, a girl– que espera un tren en una estación de pueblo, en un valle cercano al río Ebro. Beben un vaso de Anís del Toro y a ella le sabe a regaliz. Hablan y hablan sin pronunciar nunca el motivo de su viaje: que van a Madrid para que ella pueda abortar. Él está tan nervioso que no para de hablar y ella le dice al fin: «Por favor por favor por favor por favor por favor, ¿puedes callarte?». El tren está por llegar.

.....................MUERTE EN SAN FERMÍN................
9 de julio.-La ciudad de Pamplona, inmersa en su fiesta mayor, está conmocionada por la muerte en el encierro de ayer de Daniel Jimeno Romero, 27 años, nacido en Alcalá de Henares.

.........................EL RIESGO INNECESARIO..............
Que conste que soy antitaurino. Los dolores me han hecho comprender el sufrimiento de todo mamífero. Creo que es una estupidez arriesgar la vida, la única vida que tenemos delante de los toros, muchos son ya a lo largo de la historia los muertos de toreros y corredores. Nadie le obliga a estar delante de los toros. Los toros son un peligro grave, lo sabemos, como peligrosos es trabajar a 50 metros en un andamio, ser motoristas, la carretera, o vivir en el País Vasco etc. etc... No se trata de prohibir o aislar al hombre de los peligrosos que nos rodean, como si fuera una droga peligrosa, la droga de los encierros, porque los peligros, para que sean atractivos al ser humano han de ser inciertos y temerarios: alcohol, tabaco, drogas, juego y otros vicios de cintura para abajo. Es fácil morirse, si no tienes un mínimo de cuidado, porqaue te puedes morir de una salmoneroris, pero son peligros accidentales, encubiertos.
Pero ir directamente a los encierros de San Fermín, el que esto escribe estuvo allí en los años 80, pero no corrió delante de los astados, sino que vio los toros en la plaza, es una temeridad y un riesgo cierto, que todo mozo sensato debería evitar, pero no, la vida sigue porque está llena de "danieles". q.e.p.d.
"Este buen chaval tenía una pasión: los toros. Hijo y nieto de pamplonicas, lo llevaba en la sangre".
Palmeral