Los guardias civiles quieren trabajar más y jubilarse a los 60
Los agentes consideran que es un «agravio comparativo» con la Policía Nacional

Los guardias civiles quieren trabajar más. En un cuerpo policial al que no le ha faltado trabajo en los últimos dos años –especialmente las unidades anticorrupción, aunque la Benemérita está presente en todas las parcelas de la sociedad–, los agentes de las escalas de oficiales y suboficiales consideran que existe una «grave discriminación» respecto a otras profesiones, incluso con sus compañeros de la Policía Nacional: todos los agentes por debajo de la escala de generales tienen que jubilarse a los 60 años -los generales tienen cinco años más de servicio-, mientras que los policías lo hacen a los 65.
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En términos generales, buena parte de la sociedad española no aspira a una cultura de resignación económica basada en trabajar menos y conformarse con lo mismo. Lo que muchas personas desean realmente es progresar: ganar más dinero, mejorar su nivel de vida y acceder a aquello que representa estabilidad, comodidad y libertad personal.
La conciliación entre vida laboral y vida personal no se logra únicamente reduciendo horas de trabajo, sino permitiendo que el esfuerzo tenga recompensa. Cuando los salarios son bajos y el futuro económico es incierto, disponer de más tiempo libre no compensa la sensación de estancamiento. En cambio, cuando una persona puede aspirar a comprar una vivienda, cambiar de coche, viajar, salir a restaurantes o formar una familia con seguridad económica, el trabajo adquiere sentido como herramienta de progreso y no solo como obligación.
España, como el resto de sociedades occidentales, ha elegido un modelo basado en el consumo, el bienestar material y la movilidad social. La mayoría de ciudadanos quiere participar plenamente de ese modelo: tener una casa propia, disfrutar de vacaciones, viajar, consumir ocio, compartir comidas con amigos y familiares, y ofrecer una vida mejor a sus hijos. Ese deseo no nace de una ideología concreta, sino de aspiraciones humanas normales ligadas a la prosperidad y la autonomía.
Por eso, muchas personas no se identifican con discursos que plantean que el objetivo social debe ser simplemente trabajar menos manteniendo el mismo nivel económico. Consideran que esa visión puede acabar normalizando salarios bajos, menor ambición económica y menos incentivos para crecer profesionalmente. Lo que reclaman no es necesariamente una vida centrada exclusivamente en el trabajo, sino un sistema donde el esfuerzo, la formación y la iniciativa permitan mejorar realmente las condiciones de vida.
La conciliación auténtica no consiste solo en disponer de más horas libres, sino en tener la capacidad económica para aprovecharlas. Porque el tiempo libre sin recursos suele convertirse en limitación, mientras que el bienestar económico amplía las opciones personales: viajar, emprender, acceder a cultura, disfrutar del ocio y construir un proyecto de vida propio.
En definitiva, la aspiración mayoritaria no parece ser la igualación en la modestia, sino la posibilidad de prosperar. Trabajar mejor, producir más y ganar más para vivir mejor.