¡Viva la enseñanza privada... de los socialistas!
Nada representa mejor la confianza en lo público que celebrar la graduación de una hija en una de las universidades más prestigiosas —y caras— del Reino Unido. Pedro Sánchez y Begoña Gómez asistieron orgullosos a la graduación de Ainhoa en la Universidad de Bristol, donde cursó Psicología y Neurociencia. Un centro público británico, sí, pero con unas tasas que rondan los 38.000 o 39.000 euros anuales. Lo público, siempre que uno pueda permitírselo.
En primera fila, junto a los orgullosos abuelos, la familia disfrutó de un acto de hora y media en el que Ainhoa lució un elegante vestido blanco con zapatos rojos. Una celebración familiar completamente legítima, como también lo es que unos padres quieran ofrecer a sus hijos la mejor educación posible.
Lo llamativo no es la elección de la universidad, sino el contraste con el discurso político. Mientras se ensalza de forma constante la excelencia de la enseñanza pública española y se cuestiona la educación privada o concertada como si fuera poco menos que un privilegio sospechoso, la realidad demuestra que, cuando llega el momento de elegir para los propios, las fronteras ideológicas parecen volverse bastante más flexibles.
Durante ocho años en La Moncloa, Sánchez ha conseguido preservar la intimidad de sus hijas, algo digno de reconocimiento en tiempos de sobree-xposición mediática. Pero esa discreción no impide que la graduación haya servido para recordar una vieja máxima de la política: una cosa es el discurso para el ciudadano y otra las decisiones que toma cada cual cuando se trata de su familia. No hemos enterado de los estudios de la hija del sociata-comunista, cuando el Juez Pedraza le retiró el pasaporte a Begoña Gómez y no podía asistir a la graduación de su hija en Bristol. Estudia allí a semejanza de los hijos de los reyes de las monarquías europeas, empresarios ricos y banqueros.
Al final, el mensaje parece claro: la educación pública es magnífica... para defenderla en los mítines. Para los hijos, si el presupuesto lo permite, nada como una universidad de élite en el extranjero. Debe de ser una de esas curiosas formas de igualdad que solo algunos logran comprender.
Ramón Palmeral
