(Psicología del encubrimiento y la responsabilidad, creado por IA)
Psicología del encubrimiento: la estrategia del "no sabía nada". Supone ignorancia alegada
Cuando un presidente, un ministro, un director, un subdirector o cualquier persona situada en la cúspide de una organización se ve salpicada por un escándalo, es frecuente escuchar un repertorio de expresiones muy similar: "No me consta", "No me enteré", "No lo sabía", "Nunca fui informado" o "Actué de buena fe". Es lo que pasa en la Moncloa, tiene mil asesores y nadie se entera de nada, lo saben por los "curritos" de la prensa. La responsabilidad debe desembocar en dimisión, elecciones o ceses. En España no pasa nada en verano.
Desde la psicología, estas afirmaciones pueden entenderse como una estrategia de gestión de la responsabilidad. El objetivo no siempre es demostrar la inocencia, sino desplazar el foco desde una posible participación hacia una supuesta falta de conocimiento. Tapan a los culpable de corrupción para que no les salpique directamente.
Esta estrategia produce un efecto llamativo: el líder se distancia intencionadamente de la autoría material de los hechos. En lugar de aparecer como quien ordenó, permitió o toleró determinadas conductas, se presenta como alguien que fue mantenido al margen por sus subordinados o engañado por personas de su confianza.
Surgen entonces fórmulas recurrentes como: "Yo solo firmaba", "Confié en los informes técnicos", "Fui engañado por mis colaboradores" o "Nadie me informó de lo que estaba ocurriendo". El relato transforma al responsable jerárquico en una figura aparentemente incompetente, pero moralmente inocente.
Desde el punto de vista psicológico, esta narrativa cumple varias funciones:
- Reduce la atribución de culpa, ya que las personas tienden a juzgar con mayor severidad las acciones deliberadas que los errores derivados del desconocimiento.
- Preserva la imagen pública del líder, sustituyendo la percepción de corrupción o mala fe por la de exceso de confianza o falta de control.
- Desplaza la responsabilidad hacia niveles inferiores de la organización, convirtiendo a subordinados, asesores o técnicos en los principales responsables de los hechos.
- Mantiene la coherencia de la identidad del dirigente, evitando el conflicto psicológico que supone admitir una conducta incompatible con la imagen que desea proyectar.
Sin embargo, esta estrategia tiene un coste importante. En una organización compleja, la autoridad y la responsabilidad suelen ir unidas. Si un dirigente afirma desconocer actuaciones graves desarrolladas bajo su mando, puede reducir la sospecha de intencionalidad, pero al mismo tiempo proyecta una imagen de negligencia, falta de supervisión o incapacidad para ejercer un control efectivo sobre la institución.
En este sentido aparece una paradoja: cuanto más insiste un líder en que ignoraba todo lo ocurrido, más refuerza la idea de que no ejercía adecuadamente las funciones inherentes a su cargo. La defensa basada en la ignorancia puede disminuir la percepción de dolo, pero incrementa la percepción de incompetencia.
La psicología política y organizacional señala que esta estrategia resulta especialmente eficaz cuando existe una fuerte asimetría de información entre la dirección y el resto de la organización. La complejidad burocrática permite construir un relato en el que las decisiones problemáticas parecen haber surgido exclusivamente en niveles inferiores, mientras la máxima autoridad queda presentada como víctima del engaño.
No obstante, desde la perspectiva del liderazgo, la responsabilidad no depende únicamente de la participación directa en los hechos. También incluye el deber de supervisar, establecer controles, detectar irregularidades y responder por el funcionamiento de la organización. Por ello, la afirmación "no lo sabía" puede tener consecuencias distintas en el plano jurídico, político, ético y psicológico, ya que la ausencia de conocimiento no elimina automáticamente la responsabilidad derivada de la posición de mando.
En definitiva, la psicología del encubrimiento muestra cómo, ante situaciones de crisis, algunos dirigentes recurren a una estrategia narrativa basada en la ignorancia alegada. El propósito es sustituir la imagen del responsable activo por la de un superior desinformado. Aunque esta defensa puede resultar persuasiva en determinados contextos, también abre una pregunta inevitable: si quien ostentaba la máxima autoridad realmente no sabía lo que ocurría, ¿estaba ejerciendo eficazmente las responsabilidades propias de su cargo?
¿Qué es lo que le estamos enseñando a los jóvenes? Pues eso, a no ser responsables de nada y que se corruptor o corrupto es una cosa sin importancia.
ENLACE: "Psicología oscura del poder"
Ramón Palmeral
CIPSA (Centro de investigaciones psicológicas de Alicante)
