ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

domingo, 5 de abril de 2026

La purga de los mandos díscolos de EE.UU. Donald Trump queda en entredicho, el "infierno" en Irán no es posible por ahora

  

       (Donald Trumo despide a los generales de Estado Mayor. Imagen creada por IA)

 

Los aplazamientos de la amenazas de Trump de convertir a Irán en un infierno, si no se abre el Estrecho de Ormuz, demuestra que el Ejército de EE.UU., no le obedece porque no quieren cometer “crímenes de guerra”, y son amenazas de un individuo desequibrado, por ello ha ordenado la salida del Jefe del Estado Mayor, hasta encontrar a un “trumpista” que haga lo que él quiere. La guerra se está perdido, y no hay salida. Culpará a los aliados de la OTAN y a quien se oponga a su voluntad.

Ah, sí: la geopolítica según el calendario de un reality show. Martes, 20:00 horas —hora del Este, por favor, que la puntualidad imperial es importante—, y el mundo conteniendo la respiración como si se tratara del estreno de temporada de una serie que ya va por la cuarta “fecha límite” sin final convincente.

 Intruducción

Porque, claro, cuando una superpotencia amenaza con convertir un país entero en “un infierno” y luego aplaza la ejecución una, dos, tres, cuatro veces… uno empieza a sospechar que quizá el infierno tenga problemas logísticos, o peor aún, de agenda. Tal vez no sea tanto una estrategia militar como una suscripción emocional: se renueva cada 48 horas, sin compromiso real.

La teoría de que el Ejército de EE. UU. no obedece a su presidente por escrúpulos legales —esa súbita vocación humanitaria que brota justo a tiempo para evitar “crímenes de guerra”— suena reconfortante, casi enternecedora. Como si de repente los misiles llevaran cláusulas éticas incorporadas y los generales hubieran descubierto un tardío amor por el derecho internacional. Más plausible, quizá, es que incluso dentro de la maquinaria militar haya cierto vértigo ante órdenes que parecen redactadas entre arrebatos y publicaciones en redes sociales.

La purga de los mandos díscolos. 

Y ahí entra la purga: si los mandos no encajan, se cambian. Que es lo que, seguramente, está sucediendo. Como piezas de un tablero donde el problema no es la jugada, sino que las fichas se empeñan en pensar. La salida del jefe del Estado Mayor y otros altos cargos se presenta como “reconfiguración”, lo evidencia (uno no cambia a los mando cuando obedecen ciegamente) ese eufemismo elegante que sirve tanto para una reforma administrativa como para un terremoto institucional. En este caso, con el pequeño detalle de que ocurre en medio de un conflicto activo, lo que añade un matiz casi decorativo de riesgo global.

Resulta difícil no percibir cierta ironía trágica: se busca un liderazgo militar más obediente justo cuando la situación exige, precisamente, criterio, experiencia y, sí, tal vez incluso desacuerdo. Pero eso complica el guion. Creo que EE.UU., tiene una Constitución por encima de los presidentes.

Mientras tanto, el estrecho de Ormuz abre, cierra, se reabre “salvo para enemigos” —una categoría siempre flexible— y el reloj sigue avanzando hacia nuevas horas límite que prometen ser tan definitivas como las anteriores. La guerra, dicen, se está perdiendo y no hay salida. Aunque, viendo el patrón, siempre queda la opción de posponerla 48 horas más. Total, el "infierno" puede esperar.

Editorial de Nuevo Impulso.net