ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

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martes, 24 de febrero de 2026

Hoy 24 de febrero se cumplen cuatro años de la invación de Ucrania por un Putin con mentalidad medieval

 

El futuro de Europa se juega en las trincheras de Ucrania

El Ejército ucraniano continúa resistiendo contra todo pronóstico, pese a asumir un coste devastador. El destino de Kiev se cierne sobre los países bálticos y del este europeo que Putin codicia

Russia Ukraine War Anniversary

El cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa es una noticia agridulce. El coste humano sigue siendo horripilante, aunque contra todo pronóstico Ucrania resiste incluso cuando el precio es insufrible y continúa ascendiendo: cientos de miles de muertos y heridos, millones de refugiados, un trauma psicológico nacional, ciudades enteras arrasadas y la infancia perdida para millones de niños. Las velas para celebrar este aniversario no se colocan en un pastel alrededor del cual se canta y se ríe, sino que están clavadas en las tumbas y en los candelabros de las capillas ortodoxas donde se recuerda a los muertos.

El camino para sobrevivir a la invasión no ha sido fácil y continúa lleno de baches, cráteres y abismos. Desde repeler los tanques del Kremlin que estuvieron a punto de capturar la capital, en febrero de 2022, una acción de defensa que pocos creían posible, hasta ver cómo Donald Trump, el líder de su máximo aliado, Estados Unidos, les daba la espalda para estrechar la mano de su enemigo, y luego humillaba a Volodimir Zelenski en la Casa Blanca, y con él la lucha de un pueblo que se está dejando el alma.

¿Cuánto aguantará Kiev?

Cuatro años de ofensivas sangrientas, combates en trincheras como salidas de la batalla de Verdún, bombardeos indiscriminados y crímenes de guerra. Cuatro años de una guerra que ha mezclado el espanto de los conflictos mundiales pasados con la tecnología de los cohetes supersónicos y los drones, que son el terror de ambos bandos. Sin embargo, ¿hasta cuándo podrá aguantar Kiev ante las presiones de Washington para que firme un acuerdo viciado y vasallo de Moscú? Ese no es el espíritu de un pueblo cuya flor nacional, el girasol, ha sabido transformar su tallo y pétalos en corazas de hierro.

La presión no cesará hasta que haya un nuevo presidente en la Casa Blanca, y para eso faltan dos años. Es decir, dos nuevos aniversarios en los que celebrar la resistencia, o, en caso de lo peor, llorar por la derrota. No obstante, hay otro actor que, delimitado por su propia moral y el recuerdo de la devastación pasada, todavía esconde la patita: Europa. Las sanciones y el suministro del material de guerra son sus armas, pero estas ya no son suficientes. Por eso, quizá ha llegado el momento de que los líderes europeos dejen de agarrarse a la silla política y empiecen a nutrir las filas de Kiev con sus tropas, como ya sucede en la Legión Extranjera ucraniana.

Hasta ahora, Europa ha luchado detrás de las bambalinas, como este reportero pudo comprobar in situ en los campos de batalla de diversos frentes ucranianos. ¿Por qué no dejarse de remilgos y dejar que la OTAN se sume a la defensa? ¿Sería el inicio de la tercera guerra mundial? No lo fue cuando Rusia sumó tropas de diversos países africanos y Corea del Norte. Si los parlamentarios europeos hubieran visto a los hombres que volvían de la primera línea de Bajmut con la mirada alucinada, quizás entenderían que Ucrania está sacrificando a su juventud y necesita algo más que dinero, equipo militar y sanciones. Hay unidades enteras que llevan años combatiendo casi sin parar.

Durante la inundación de Jersón, en pleno asalto ruso, Yura, un veterano que tenía que vivir en el altillo de su casa porque el agua pasaba del segundo piso, fue más que claro: "Soy el último que queda de mi destacamento. A mí me han salvado las heridas que me impiden volver al Ejército, sino seguramente habría acabado muerto como mis compañeros".

Washington no es un aliado de fiar

Europa debe integrarse en la defensa del territorio de Kiev, sobre todo porque Washington ya no es un aliado de fiar. Por ello, es justo preguntarse: ¿Por qué deberíamos mandar a nuestros soldados? ¿Por la libertad y el derecho a decidir de un país? ¿Para salvaguardar las fronteras? ¿Por los recursos y la lucrativa venta de armas? ¿Para conservar y explotar sus recursos naturales? ¿Para detener la expansión rusa en busca del eco de lo que fue la Unión Soviética? Las respuestas a estas cuestiones, acertadas o no, dan para libros enteros. Sin embargo, antes de todas estas preguntas, y muchas otras, hay una verdad inamovible: en este conflicto sigue habiendo un agresor y un agredido.

Las dos caras de la moneda no son iguales. Peor aún, cuando una superpotencia de tintes totalitarios se expande a través de las armas, los países vecinos tienen dos opciones: entregarle las llaves de casa o resistir. Por eso se lucha en Ucrania, cuyo destino también se cierne sobre los países bálticos y del Este de Europa, que Vladimir Putin codicia ya sea porque el megalómano quiere devolver a Rusia su gloria perdida, o porque EE UU y la Unión Europea le dieron la excusa perfecta para atacar a Kiev al expandirse hacia sus fronteras, después de promover rebeliones como la Revolución de Maidán (2014), que fue la llama que encendió el conflicto.

Recuerdo esos días de barricadas, fuego y hielo en la capital ucraniana. La derrota del régimen pro ruso de Viktor Yanukovich llegó después de meses de lucha al estilo medieval, que terminó con un tiroteo en la plaza de la Independencia que hizo caer al expresidente. Recuerdo a los jóvenes luchando en la primera línea de barricadas, y concretamente a uno que se llamaba Danylo, al que apodaban ‘el chico del martillo’ porque había abatido a varios policías del Berkut con la herramienta que sostenía con orgullo. "Lo siguiente será luchar con Rusia y les venceremos", declaró entonces.

La ilusión de paz

En lo primero tuvo razón. La invasión de Crimea sucedió poco después y con ella la guerra del Dombás, que luego llevó a la invasión de 2022. En cuanto a lo segundo, la victoria está por ver. Ucrania necesita hombres para seguir resistiendo. Hay quien cree que mandar a nuestras tropas es un sacrificio intolerable. "Nunca pienses que la guerra, por necesaria o justificada que sea, no es un crimen", escribió Ernest Hemingway.

No obstante, si Bruselas sigue obligándose a vivir en la ilusión de la paz permanente tras la caída del telón de acero, el día menos pensado nos encontraremos gritando la pesadilla de cualquier ciudadano de la vieja Roma: Hannibal ad portas (Hannibal está en las puertas). Y entonces será demasiado tarde.