(Audiencia Nacional del Badajoz. Imagen cread por IA)
David Sánchez afronta ahora una petición de seis años de cárcel
Las acusaciones populares elevan sus conclusiones ante las protestas de la Fiscalía y las defensas de los acusados, que el tribunal ignora
El burdo enchufe del hermanísimo y el milagro de la impunidad de Sánchez.
Audiencia Nacional de Badajoz, 04-06-2026,
¿Quién se va a entera lo que pase en Badajoz? Hay países que exportan tecnología, otros exportan automóviles y algunos incluso exportan cultura. España, en cambio, parece empeñada en perfeccionar un producto mucho más tradicional: el enchufe y la recomendación. Una artesanía centenaria, transmitida de generación en generación, que alcanza su máxima expresión cuando el beneficiario comparte algo más que apellidos comunes con quienes ocupan las más altas instancias del poder.
El juicio sobre el presunto enchufe de David Sánchez Castejón prometía terminar con la tranquilidad burocrática de un trámite administrativo cualquiera. Los acusados defendieron su inocencia con una rapidez tan llamativa que parecía que todos tenían reservado sitio en el mismo tren de vuelta. Todo apuntaba a un cierre ordenado, discreto y sin sobresaltos.
Pero entonces llegó el pequeño inconveniente que siempre arruina las mejores ceremonias de normalidad: las acusaciones populares decidieron elevar el tono. Lo que hasta entonces parecía una discusión sobre interpretaciones administrativas adquirió de repente una dimensión más incómoda. Las peticiones de condena aumentaron y aparecieron nuevos argumentos con relevancia penal. Una situación desagradable para cualquiera, especialmente para quienes confiaban en que el asunto transitara por los carriles de la previsibilidad institucional.
La reacción fue casi enternecedora. Fiscalía y defensas, habitualmente situadas en posiciones distintas, encontraron un inesperado espacio de fraternidad procesal. Unidas por la sorpresa, denunciaron que había aparecido un “arsenal acusatorio” de última hora. La expresión tiene mérito: uno imagina a los acusadores irrumpiendo en la sala con catapultas jurídicas, pergaminos incriminatorios y legiones de folios armados hasta los márgenes.
Lo curioso es que en España la sorpresa suele funcionar en una sola dirección. El ciudadano corriente se sorprende cuando le llega una multa. Se sorprende cuando Hacienda llama a su puerta. Se sorprende cuando pierde una subvención por haber rellenado mal una casilla. Pero cuando los apellidos de las altas esferas del poder aparecen en una causa judicial, parece que la verdadera sorpresa consiste en que alguien siga investigando. ¿Cómo que las Justicia investiga al poder ibérico, esto no es una democracia sino una república bolivarina?
Y ahí reside la esencia del problema. No se trata únicamente de determinar si existió o no un enchufe. Para eso están los tribunales. Lo relevante es la sensación de desazón que determinadas personas viven bajo una atmósfera política de especial impunidad, una especie de colchón institucional donde cada obstáculo encuentra rápidamente una explicación técnica, cada crítica es una conspiración y cada investigación un exceso de celo.
La impunidad moderna ya no necesita absoluciones grandilocuentes. Le basta con sembrar la impresión de que ciertas figuras nunca llegan a enfrentarse a las mismas reglas que el resto. Es una impunidad más sofisticada, más elegante y, por tanto, más eficaz. No consiste en demostrar inocencia, sino en convertir cualquier sospecha en una ofensa intolerable.
Quizá por eso el auténtico protagonista de esta historia no sea el llamado “hermanísimo”, ni siquiera los acusados que se sientan en el banquillo. El protagonista es un sistema que parece debatirse constantemente entre la igualdad ante la ley y la tentación de reservar una puerta lateral para los bien conectados.
Porque al final, en la España del enchufe perpetuo, lo verdaderamente excepcional no es que alguien tenga contactos. Lo excepcional es que todavía haya quien se escandalice cuando esos contactos terminan sentados ante un juez. El propio Presidente del GOBA mete en prisión a su hermano. Por que la "fontanera ni cobarde" Leire no hizo bien su trabajo de estersión a la UCO, jueces y fiscales...
Ramón Palmeral
Sindicato de Nuevo Impulso.net
