(Nicholas Williams Arthuer (Pamplona, 12 de julio de 2002) es un futbolista español de ascendencia ghanesa)
Si España es la única selección capaz de derrotar a Francia, entonces conviene ir preparando el álbum de los campeones del mundo. Porque, siendo sinceros, no imagino ni a Argentina ni a Inglaterra haciéndole demasiada sombra a los franceses si alcanzaran la final. Así que, por patriotismo y por higiene estadística, más vale que los elimine España.
En cuanto a las palabras de Mariano Rajoy en el artículo de El Debate en las que afirmó que la selección francesa juega "sin franceses" (descendientes de Napoleón), hay que entenderlas como lo que probablemente fueron: una de esas frases marca de la casa, pronunciadas con la misma naturalidad con la que un gallego se zampa una vieira o un pulpo con pimentón mientras deja a los periodistas preguntándose qué demonios ha querido decir exactamente. Rajoy tiene ese don celta: consigue que una frase parezca una adivinanza envuelta en un trabalenguas.
Personalmente, tampoco me entusiasman etiquetas a la selección española como "Diablos Rojos" equivalente a "rojería" o cualquier otro calificativo que convierta el deporte en un desfile de consignas ideológicas subliminares. El fútbol suele sobrevivir bastante bien sin ellas.
Sin embargo, la oposición, y especialmente el ministro Albares, ha llevado las palabras de Rajoy al terreno que más le convenía: el de la confrontación racial. Porque hoy cualquier comentario desafortunado puede reciclarse como prueba irrefutable de un supuesto racismo estructural. Es un recurso político tan recurrente que ya casi tiene más minutos de juego que algunos titulares.
Lo cierto es que España, con todos sus defectos, lleva décadas conviviendo con millones de inmigrantes y ciudadanos de muy diversos orígenes y colores por su piel, sin que se nos rompa la bola de la bilis. Eso no significa que no existan personas racistas —como en cualquier país—, pero convertir cualquier discusión futbolística en una prueba de que todo un país lo es resulta una exageración difícil de sostener.
Al Gobierno de Pedro Sánchez "el de Roberto Alcázar y Pedrín" le resulta útil mantener vivo ese relato del racimos porque le permite presentar al Partido Popular como un adversario moralmente descalificado, y pudieran arrancarle un puñado de votos. Mientras tanto, otros asuntos bastante más terrenales —como los casos de corrupción, la cloacas, los problemas institucionales o las investigaciones judiciales, e ingobernabilidad— pasan a un segundo plano. Es una táctica conocida: cuando el balón rueda hacia una portería incómoda, se cambia de campo.
Pero conviene no perder la perspectiva. Esto es fútbol. Los aficionados discuten, exageran, hacen bromas, presumen de su selección y lanzan pullas al rival desde que existe este deporte. No veo el comentario de Rajoy como desafortunado, sino jocoso, y quienes le buscan un ataque a un grupo étnico se equivocan de cruces. Rajoy no necesita a nadie que le defienda de comentarios confusos.
Así que dejemos que el árbitro pite mañana marte 14, 21 hora española, y que el balón siga rodando y que sean los goles (3 a 2) a favor de España, y no las tertulias políticas, los que decidan quién merece levantar la copa del mundo y la segunda estrella somo un blasón sobre el escudo nacional.
Ramón Palmeral
España tiene El Quijote, y Francia El Principio. Existe una gran diferencia de volumen

