(Imagen creada por IA: un hombre camina por un cable)
El fin de un ciclo: la hora de las urnas
Cuando no se oyen las críticas es que está ciego y sordo
La política española se encuentra sumida en un estado de degradación institucional contante que ya no admite más paliativos es como andar sobre una cuerda por un río lleno de cocodrilos. El Gobierno de Pedro Sánchez ofrece hoy la imagen de un proyecto destructivo, un Ejecutivo cuyo certificado de defunción está firmado por el peso de la realidad y cuyo único carburante es la pura supervivencia por el cable de Niagra. Cercado por los frentes judiciales que asedian al entorno directo del Partido Socialista, la respuesta de La Moncloa no ha sido la resistencia, con una huida hacia adelante que debilita los pilares de nuestra democracia.
Este modus operandi no es nuevo; cuenta con el aval y la participación activa de figuras como José Luis Rodríguez Zapatero y otros dirigentes de las filas socialistas, prestos siempre a blindar unas siglas a costa del prestigio de las instituciones. Pero la paciencia de la sociedad tiene un límite. No estamos ante un bache coyuntural ni ante una crítica partidista hacia decisiones concretas; estamos ante una crisis existencial de gobernabilidad.
Es cierto que, desde una perspectiva estrictamente institucional, el Ejecutivo puede aferrarse a los números y argumentar que mantiene la confianza parlamentaria que le dio la investidura. Pero la legitimidad de un Gobierno no es un cheque en blanco que resiste a cualquier precio. Cuando la distancia entre la aritmética del Congreso y el sentir de la calle se vuelve un abismo, la legalidad formal no basta para sostener la autoridad moral de una nación. La legitimidad política se erosiona cuando se gobierna a la defensiva, parapetado tras el ruido y el conflicto permanente.
La parálisis legislativa y el asedio de los escándalos impiden al país avanzar. España no puede permitirse un Gobierno que gasta el cien por cien de su energía en defenderse a sí mismo en lugar de gestionar el futuro de los ciudadanos. Ante este escenario de bloqueo y degradación, las tácticas de manual de resistencia ya no sirven. Lo honesto, lo higiénico y lo verdaderamente democrático es devolver la palabra a los ciudadanos, ir la las urnas. Cuando no se dan la urnas se da dictadura.
Ramón Palmeral
