La tienda FNAC de la Avenida de la Estación de Alicante cerrará sus puertas en enero de 2026, dejando a 21 empleados sin trabajo. Este cierre no es un caso aislado, sino un síntoma más de la profunda transformación que vive el comercio tradicional. Los libros, la música y el material electrónico que antes se compraban en establecimientos físicos hoy se adquieren, en gran medida, a través de internet. Las grandes plataformas de comercio electrónico como Amazon y otras similares han terminado por asfixiar al mercado local, incapaz de competir en precios, horarios y comodidad.
Este fenómeno es una consecuencia directa de la globalización y de la digitalización de la economía. Comprar desde casa, recibir el producto en pocas horas y acceder a un catálogo prácticamente infinito ha cambiado los hábitos de consumo. Sin embargo, el coste social es evidente: cierres de tiendas históricas, pérdida de empleo y la progresiva desaparición de espacios culturales que no solo vendían productos, sino que también generaban vida urbana, encuentros y actividad cultural.
Paradójicamente, nunca se había leído ni comprado tantos libros como ahora. El problema no es la falta de interés por la cultura, sino el canal a través del cual se consume. El lector sigue existiendo, incluso en mayor número, pero el intermediario ha cambiado. El desafío está en encontrar un equilibrio entre la comodidad del comercio electrónico y la protección del tejido comercial local, que cumple una función social y cultural difícil de reemplazar.
El comercio cambia según los tiempo digitales y nadie lo puede evitar. Como ya pasó con la librería 80 Mundos, y pasó a Pynchosn & CO de la calle Segura, 22 (un local excelente con cafetería, tertulia, clases de creación literaria, piano, y sala de presentación de libros y otros actos). Cada día quedan menos librerías físicas. Recuerdo a la libraría Prometeo en Málaga que siempre estaba llena de clientes.
Ramón Palmeral dice: "Mis libros sin visibilidad mediática se ven por Amazon".

