(Accidente ferroviario de Adamuz del 18 de enero 2026)
Huelga de maquinistas con todas las de la ley
España vuelve a descubrir el ferrocarril. No porque llegue puntual, ni porque sea más seguro, sino porque se para. Del 9 al 11 de febrero, los maquinistas han decidido recordar algo revolucionario: que los trenes y vías férreas (caminitos de hierro) necesitan mantenimiento, inversión y algo tan extravagante como coordinación. Tres días de huelga para exigir que Adif haga aquello para lo que existe, una reclamación casi subversiva en la España de la alta velocidad sin tornillos sueltos, soldaduras que se rompen y seguridad en invertir.
La huelga no nace del capricho ni del espíritu lúdico del sindicalismo ferroviario. Llega tras dos accidentes que han dejado 47 muertos en menos de una semana. Primero, el siniestro de alta velocidad del 18 de enero con 46 fallecidos; después, un cercanías con un muerto más. Pero tranquilos: el problema no es estructural, es coyuntural… como casi todo hasta que explota.
CCOO, UGT y Semaf se reunieron con el Ministerio de Transportes Óscar Puente. Se reunieron mucho, eso sí hasta al tarde noche del domingo y el ministro tomó notas. Dialogaron intensamente. Y, como suele ocurrir cuando no hay dinero contante, ni planificación, ni responsabilidades claras, no hubo acuerdo. Resultado: huelga general en todo el sistema ferroviario. Sorpresa mayúscula para nadie.
La protesta es lógica, reivindicativa y hasta pedagógica. Porque resulta que sin inversión no hay seguridad, y sin presupuesto no se gobierna. Algo que el Gobierno de Sánchez parece no terminar de comprender, o quizá comprende demasiado bien y por eso mira hacia otro lado. El presidente permanece oculto, como si la huelga fuera cosa de otros, como si los trenes circularan solos o como si Europa no hubiera enviado millones de euros cuyo destino hoy sigue viajando en vía muerta.
¿Dónde están esos fondos europeos? Misterio ferroviario. Tal vez circulan en clase preferente, tal vez se bajaron antes de llegar al mantenimiento. Lo cierto es que la alta velocidad española corre mucho, pero revisa poco.
Mientras tanto, el Ejecutivo ha fijado servicios mínimos generosos, casi festivos:
– 73% en alta velocidad y larga distancia.
– 75% en cercanías en hora punta y 50% el resto del día.
– 65% en media distancia.
– 21% en mercancías, porque las mercancías, como siempre, pueden esperar.
Renfe, Ouigo e Iryo han cancelado más de 330 trenes. No es un colapso, es una “reordenación de la movilidad”, que suena mejor y no obliga a dimisiones.
Y en el fondo, la idea política de Pedro Sánchez sigue siendo la de siempre, la misma de Largo Caballero en la II República, donde el problema no es la gestión, ni la inversión, ni la seguridad, sino que “la derecha es fascista y no puede gobernar, como la CEDA de hoy”. Con ese marco mental, el mantenimiento es secundario y la autocrítica, contrarrevolucionaria y de confrontación. Es que no lo que no sabe el pueblo español, es que Pedro Sánchez es gafe, tuvimos el Covid-19, incendios forestales inundaciones más que nunca, la Dana de Valencia con 230 muertos, la inundaciones de Andalucía, la renuncia a 60.000 millones de fondos europeos porque no los necesitamos, le salen corruptos por todas parte vario de ellos están la cárcel, saunas con menores, la mujer, el hermano, Maduro y el petróleo venezolano, indultos a independentistas, etarras que salen de prisión, pierde votantes en Extremadura y en Aragón etc., etc. No puede salir, en todas parte le abuchean. ¿Qué más tiene que pasar en España para convocar elecciones?
Así que España avanza. Avanza rápido, pero a trompicones por las veredas de cabras de fierro. Con trenes modernos, infraestructuras cansadas y un Gobierno que cree que gobernar sin presupuesto es una opción ideológica. Hasta que descarrila la realidad. Entonces, huelga. Y a esperar al próximo accidente para volver a “descubrir” que los trenes, además de correr, también hay que cuidarlos.
