(Compositor Óscar Esplá). Retrato coloread0 por Palmeral
Óscar Esplá Triay (Alicante, 5 de agosto de 1886 – Madrid, 6 de enero de 1976) fue un compositor, musicólogo, pedagogo y académico español, figura clave de la música culta del siglo XX en España y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Biografía
Nacido en el seno de una familia de cierta relevancia social y cultural, Óscar Esplá creció en un ambiente marcado por el dinamismo intelectual y la sensibilidad artística propia de la Alicante de fin de siglo. Su interés por la música surgió muy pronto, favorecido por la presencia de prácticas musicales domésticas y por el contacto con repertorios populares y de salón que despertaron su imaginación sonora.
Su entorno familiar fue determinante en su formación inicial. Su padre, Trino Esplá, funcionario del Cuerpo de Telégrafos y persona de inquietudes técnicas y sociales, y su madre, Francisca Triay, aficionada al piano, introdujeron al joven Óscar en los primeros rudimentos musicales. En este contexto recibió también influencias indirectas de su entorno ampliado, en el que la música estaba presente de forma habitual.
Durante su infancia, Esplá comenzó a familiarizarse con la música de manera casi autodidacta, primero como observador de las lecciones impartidas a su hermana y posteriormente como alumno efectivo. Este proceso temprano le permitió desarrollar una notable rapidez de aprendizaje, hasta el punto de superar en poco tiempo los progresos esperados en su formación inicial. Ante ello, su educación musical fue confiada a distintos maestros locales, entre ellos Fernando Lloret y, más tarde, Juan Latorre, quien ejerció una influencia más sólida y continuada.
Con Latorre consolidó sus conocimientos de piano y teoría musical, al tiempo que desarrollaba una personalidad artística independiente, caracterizada por una cierta inclinación a seguir sus propios intereses antes que los programas académicos estrictos. A pesar de ello, alcanzó un nivel suficiente como pianista para participar en actos benéficos en Alicante y Barcelona, lo que evidencia una formación técnica ya avanzada en su juventud.
Paralelamente, el contacto con el folclore levantino y con las tradiciones musicales populares de su entorno —especialmente los cantos religiosos y festividades locales— dejó una huella profunda en su sensibilidad estética. Estas experiencias tempranas contribuirían más tarde a la configuración de su lenguaje compositivo, en el que se aprecia una atención particular por la melodía, el color modal y las raíces musicales hispánicas.
La confluencia de tres grandes maestros —Joaquín Sorolla, el maestro de la luz; Óscar Esplá, el genio de la música; y Emilio Varela, el alma del paisaje alicantino— en un momento tan complejo como los últimos coletazos de la Gran Guerra y la epidemia de la gripe española, teje una crónica de amistad, arte y resistencia.
A continuación, desarrollo y estructuro históricamente este relato para plasmar la importancia de aquellos meses entre 1918 y 1919:
Sorolla en Alicante: El refugio de San Gabriel
En el invierno de 1918, Joaquín Sorolla se encontraba en la recta final de su monumental encargo para la Hispanic Society de Nueva York: Visión de España. Para representar a Valencia, el pintor decidió plasmar la recogida de la herencia árabe a través de los palmerales. Su idea original era instalarse en Elche, pero la terrible epidemia de la gripe española que azotaba el país alteró sus planes.
Buscando un entorno más seguro y aislado, Sorolla se estableció en Alicante, alojándose en el céntrico Hotel Victoria. Descubrió que el Palmeral de San Gabriel, a las afueras del sur de la ciudad, ofrecía la misma luz y una frondosidad ideal para su obra. Allí, entre finales de 1918 y enero de 1919, pintó la célebre obra "El Palmeral".
La Navidad en "La Ruaya": El nacimiento de una amistad
Mientras Sorolla trabajaba en Alicante, la intelectualidad local se volcó con el maestro valenciano. Posiblemente durante las fechas navideñas de 1918, el compositor Óscar Esplá invitó a Sorolla a su finca familiar, "La Ruaya", un oasis de paz situado en las inmediaciones de la Santa Faz.
Sorolla no acudió solo; lo acompañaba un joven pintor alicantino que ejercía de confidente, guía y ayudante improvisado en sus sesiones en San Gabriel: Emilio Varela.
Un encuentro sin cámaras, pero con eco histórico
Aunque no existen testimonios fotográficos de aquella velada en "La Ruaya" (un tesoro perdido para los archivistas), aquel día cambió la vida cultural de Alicante. Fue allí donde Óscar Esplá conoció personalmente a Emilio Varela. El compositor quedó fascinado por la sensibilidad e introversión del pintor, iniciando una honda y estrecha amistad basada en la admiración mutua y el amor por el paisaje mediterráneo. Esta unión intelectual y afectiva se mantendría inquebrantable durante más de tres décadas, hasta la triste muerte de Varela en 1951.
El homenaje del Real Club de Regatas (16 de enero de 1919)
El paso de Sorolla por la millor terreta del món no solo fue de reclusión pictórica. Su presencia era un acontecimiento social de primer orden.
Una vez finalizado prácticamente su cuadro, la sociedad alicantina rindió los máximos honores al pintor. El 16 de enero de 1919, el Real Club de Regatas de Alicante organizó un fastuoso banquete de homenaje en sus salones sobre el mar. El acto congregó a las personalidades más destacadas de la cultura, la política y la burguesía alicantina, celebrando el genio de un Sorolla que, aunque cansado por la tremenda exigencia física de su obra, se mostró profundamente agradecido por la hospitalidad de la millor terreta del món.
Aquel invierno de 1918-1919 dejó una huella imborrable:
Para Nueva York: Un lienzo magistral que inmortalizó las palmeras alicantinas de San Gabriel bajo el nombre de "El Palmeral de Elche". Para el Arte Local: La consagración de Emilio Varela, bendecido por la estela de Sorolla y apadrinado por la inmensa figura de Óscar Esplá.
Un tejido perfecto de música, pintura y luz en una de las épocas más doradas del intelecto alicantino.
Matrimonio de María Victoria de Irízar
En 1929 contrajo matrimonio con María Victoria Irízar y Góngora, quien desempeñó un papel fundamental en su vida personal y profesional. El matrimonio se celebró en el Monasterio de la Santa Faz, cerca de Alicante. Tuvieron tres hijos: Amparo, María Luisa y Gabriel.
A lo largo de su trayectoria, Esplá desarrolló una intensa actividad como compositor, intelectual y docente, proyectando su obra más allá del ámbito local y consolidándose como una de las figuras más relevantes de la música española contemporánea.
Continuará..................
Ramón Palmeral

