El sexo débil es el hombre
A menudo se ha dicho que el sexo débil es la mujer, pero una visión irónica sostiene justamente lo contrario: el verdadero sexo débil es el hombre. Según esta idea, es la mujer quien lleva las riendas de la relación y del hogar, quien marca el rumbo y, en muchas ocasiones, quien termina tomando las decisiones más importantes. Desde esta perspectiva, el consejo para alcanzar una convivencia tranquila es sencillo: si quieres ser feliz, escucha a la mujer, no la contradigas innecesariamente y aprende a ceder cuando sea oportuno.
Más que una afirmación literal, se trata de una reflexión cargada de humor sobre la dinámica de muchas parejas, donde la inteligencia emocional y la capacidad de negociación suelen pesar más que la fuerza. Teniendo en cuenta que hombres y mujeres tiene los mismo derechos. Existe muchas ocasiones en que cedes o se rompe la baraja. Puede ser que los familiares y amigos digan que eres un "calzonado", pues se acepta y ya está, porque la relación es ceder más que rebelarte. Hagas lo que hagas en tu relaciópn, siempre habrá criticas.
En la misma línea de pensamiento, aunque con un tono más existencial, se atribuye a Sigmund Freud una frase que refleja una visión profundamente escéptica sobre la felicidad: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida: una es hacerse el idiota y la otra serlo.» No se sabe con certeza cuándo la pronunció, pero expresa con claridad la idea de que la felicidad y la lucidez no siempre caminan de la mano.
El sentido de esta reflexión es que cuanto más consciente es una persona de la realidad, de las contradicciones del mundo y de los problemas que la rodean, más difícil le resulta mantener una felicidad plena e ingenua. En cambio, quien vive sin cuestionarse demasiado las cosas o permanece ajeno a muchas preocupaciones puede experimentar una existencia aparentemente más serena.
Ambas ideas, aunque formuladas con ironía y un cierto pesimismo, invitan a reflexionar sobre las relaciones humanas y sobre la naturaleza de la felicidad. En el fondo, sugieren que la convivencia exige renuncias, sentido del humor y capacidad para relativizar los conflictos, mientras que la búsqueda de la felicidad pasa, en gran medida, por encontrar un equilibrio entre la conciencia de la realidad y la capacidad de disfrutar de la vida sin dejarse consumir por ella.
Pero, sin embargo, hemos de admitir que la sociedad marital ha cambiado en los últimos tiempos, ya no se reparten los sueltos como gananciales, sino que cada cual tiene su dinero y su cuenta corriente, porque lo antiguo de que el hombre ha de ganar dinero para alimentar a toda la familia, mientras la mujer se queda en casa. Esto no es posible en el tiempo ya que la mujer se ha incorporado hace años al mundo laboral, para eso estudian, porque la carestía de la vida es insoportable con un solo sueldo.
Hay que convencerse que el matrimonio no es para toda la vida. Puede suceder una ruptura que hay que aceptar con todo normalidad. La mentalidad del llamado "moro" no es posible en una sociedad moderna, igualitaria y democrática.
Algunas dirán que hay muchos asesinados de mujeres, demasiadas digo yo, quizás, porqué sin saberlo, se casó o se hizo pareja con un psicópata, un celoso compulsivo, con un individuo de muy baja formación moral, familiar y educativa. El orgullo machista ha de ser erradicado con toda normalidad.
Ramón Palmeral
Más de 50 años caso a con la misma mujer, y no me quejo
