ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

jueves, 25 de febrero de 2010

Fragar en Mirar un cuadro en la Asociación




MIRAR UN CUADRO: FRANCISCO GARCIA “FRAGAR”

OBRA: REFLEJOS DE UNA MIRADA

Hoy viene a este Taller como invitado alguien que siempre ha estado aquí como publico, pero hasta ahora, nunca como protagonista en lo alto de este estrado. Era algo así como un extra de película (en este caso de la de MIRAR UN CUADRO), con el que siempre ha contado el director para el rodaje, pero cuyo nombre, nunca había figurado en los créditos de la misma. Sin embargo, como siempre estaba ahí sentado, tenía que llegar el día y ese día es hoy, en el que el director se fijara en el y lo llamara a ser protagonista. Pero no solo por los meritos de su presencia como figurante, si no porque como amigo conocía algo de su personalidad y como artista la valía de su obra. Es decir que en el se daban las tres condiciones imprescindibles para invitarle a este Taller como protagonista.

A Francisco, quizá lo dejaron caer a este Mundo desde una galaxia lejana, pues en palabras de su padre, agricultor y casero de un cortijo en el campo de Caravaca, “no sabía de dónde venía”. Sus fantasías infantiles, desconcertaban en el humilde ambiente rural, en el que pasó niñez y parte de su adolescencia, allá por los años cuarenta del pasado siglo. Rodeado de animales caseros, el niño Francisco se erigió en el “rey del gallinero”, de la cochiquera y del redil y en la soledad de un entorno alejado del medio urbano, llenó su reino de fantasías a las que los sonidos de la naturaleza ponían música. Brisas y vientos huracanados; el canto del gallo; el balar de las ovejas; el canto de los pájaros; las campanas de las iglesias caravaqueñas que se oían a lo lejos; el ladrido de sus perros; el canto de las cigarras en los días calurosos del verano y de los grillos en el silencio de las noches cuajadas de estrellas y galaxias, del alguna de las cuales él procedía. ¡Todos!, todos esos sonidos, que acentúan el silencio del campo haciéndolo más profundo, se transformaban en la mente del fantasioso e imaginativo niño Francisco, en la orquesta sinfónica de la naturaleza que tocaba solo para él en los año felices de su infancia.

Pero como la imaginación no tiene más límites que a los que uno pueda o quiera llegar, al niño Francisco no le era suficiente con escuchar los sonidos de la naturaleza. Quiso reflejarla y guardarla para alimento de sus sueños y comenzó a dibujar y a pintar, como buenamente pudo, naciendo así su otra pasión por y para el Arte que, junto a la música, constituyen los dos pilares en los que se asientan sus mayores goces espirituales.

En el 57, con quince años, sale a la luz pública el pintor adolescente. Con motivo de las Fiestas Patronales, expone en el Casino de su pueblo y por primera vez saborea el placer de que admiren su obra, venda y le hagan encargos.

Sin embargo, quizá los consejos familiares o su cabeza bien amueblada, le dicen que del Arte es muy difícil vivir y que tiene que buscarse el porvenir por otros derroteros. Para ello, en el 60 ingresa en el Ejército del Aire como especialista, pero su incipiente carrera militar se frustra y dos años después, está libre de nuevo y viene a residir en Alicante, donde su familia se había instalado.

Aquí, emprende diversos estudios, todos ellos relacionados con el Arte y el dibujo. Estudia Dibujo Artístico y Delineante Proyectista Mecánico. Ingresa en la Escuela Sindical de Bellas Artes, en la que tiene por maestros a Juan Mataix, a Andrés Formes y a Francisco Die Murphi. Y allí añade a los conocimientos que ya poseía por intuición y practica, los que les transmiten esos maestros de la pintura y el dibujo alicantino, que suponemos no serian muchos.

Con veintidós años, aparece en su vida una adolescente de tan solo trece, que le iba a romper los esquemas de vida aséptica que en lo sentimental levaba por aquel entonces. Un día cualquiera (seguramente de primavera) una niña vecina de casa, en la que quizá nunca se había fijado, se transforma en una muchacha en flor. Morena de ojos negros, vivaracha y con la gracia de una pubertad radiante, de su pelo azabache se desprenden fulgores, que a un artista sensible a la belleza como Francisco, no dejan indiferente. Pero ¡si es una niña!, se dice. Pero a esa niña, Cupido papa, le pide al vecino pintor que la enseñe a pintar. A partir de entonces, maestro y alumna se dan clase mutuas de amor y Arte y forma una pareja inseparable desde hace más de cuarenta y cinco años. Y aquí siguen como ejemplo de convivencia, en el que Loli ha sido la musa, la modelo, la amante, la madre de sus hijos y la impulsora, con su apoyo incondicional, de todas las aventuras que el imaginativo Francisco emprendió en esos años.

Los temas que Francisco refleja en sus cuadros son variados y fruto de su rica personalidad: figura, retrato, paisajes, bodegones, y naturalezas muertas, son objeto de su atención pictórica. Pero el más autentico, el genuino Francisco lo encontramos, cuando mezcla sabiamente: sueños, imaginación, recuerdos, sentimientos románticos, comic galácticos, cultura histórica y mitológica, con la música que, para él como melómano, está en todas partes, como ya lo estaba en los sonidos de la naturaleza que escuchaba en su niñez. Es entonces cuando surge el bebedizo embriagador de esos cuadros inclasificables en cuanto a temática. Cuadros que cuentan inquietantes historias, cuyo estricto significado solo él conoce, pero que a uno le producen un vértigo cercano a la embriaguez cuando trata de descifrarlos, y a la vez desatan nuestra imaginación. Cuadros en los que el drama se convierte en protagonista: el Cancerbero, perro implacable de tres cabezas, que guarda las puertas del averno para que nadie entre ni salga; el ejército de Aníbal despeñándose a su paso por los nevados desfiladeros de los Alpes; los cuatro jinetes de la apocalipsis sembrando por la Tierra, la guerra, el hambre y la muerte; el pánico desatado entre las masas, que atropellándose los unos a los otros, corren sin saber a dónde ir ;y finalmente, la isla de los muertos a la que el barquero Caronte nos lleva “por siempre jamás”, mientras suenan las lúgubres notas del poema sinfónico de Ráchmaninov…

Como no podía ser de otra forma, Francisco experimenta con diversas técnicas para la realización de sus obras. El óleo y la acuarela, han sido la base, pero también ha utilizado el acrílico y las ceras. Con estas últimas, ha logrado una pequeña revolución en el acabado al transforma a la humilde cera de utilización preferentemente infantil, en algo entre el oleo y el esmalte en las texturas y con matices de color muy originales y de gran riqueza expresiva.

Su paleta no es excesiva en color y tono, a tratar los temas en los que el drama es protagonista. Para ellos utiliza una gama casi monocromática en la que intervienen muy pocos colores: blancos, grises y marrones en toda su gama y sin más estridencias que los contracte en el tono. Sin embargo, cuando del paisaje, la figura y el bodegón se trata, entonces su paleta se enciende de verdes, amarillos y rojos, pero siempre tratados con la templanza y moderación de alguien como él, que busca la armonía en la vida y en el Arte. En el retrato a tamaño natural, que últimamente le ha hecho a su esposa Loli, se compendian todas esas cualidades. Un magnifico retrato para el que ella posó en interminables jornadas, sin que él nunca le dejara ver el proceso de elaboración, y que, al ver el resultado final, le hizo llorar como a una Magdalena penitente.

Y cimentándolo todo, el dibujo es la base sobre la que se asienta todo el entramado de su expresión pictórica. Lo domina como el que más, y le es fundamental para sus descripciones narrativas con reminiscencias de comic, que como ya dije es lo que más me gusta de su obra.

La lucha por la vida, trunco durante algún tiempo, la carrera artística que Francisco inició a los 15 años. La dejo parcialmente aparcada a los veintitantos y la retomó con fuerza, cuando dijo adiós a su vida laboral como empresario- técnico de la gama blanca de los electrodomésticos. Fue entonces, hace tan solo unos pocos años, cuando volvió a lo suyo y para eso se hizo socio nuestro y de nuevo volvió a exponer de forma individual con una exposición en San Vicente, que yo le presenté y en innumerables colectivas organizadas por nuestra Asociación.

En el transcurso de su larga vida artística, Francisco ha lo grado inscribir su nombre, en varios Concursos y Certámenes, con premios y selecciones. El último, el 1º Premio de Concurso del Colegio de Enfermería de Alicante, que por estar más reciente todos conocemos.

Francisco es un autentico sibarita de las exquisiteces de la vida y un ordenancista en todo. Alguna vez he entrado en el santa sanctórum de su refugio secreto en el sótano de su casa. Se trata de un salón de unos veinte metros cuadrados, donde reina (como en toda la casa) el orden y la pulcritud.Libros, discos de vinilo, diapositivas, cintas de video, CD, DVD, se alinean n en los estantes en perfecta formación militar y numerada Una inmensa pantalla de casi cinco metros cuadrados ocupa todo el frontal de una de las cuatro paredes, flanqueada por enormes bafles, algunos de ellos tras la pantalla. Proyectores de cine y diapositivas, equipos de reproducción y grabación, amplificadores de sonido y un sinfín de artilugios electrónicos, son gobernados desde una Caja de Pandora de la que no surge ningún mal, si no el bien de tener a mano y ordenados, todos los mandos con lo que Francisco dirige sus orquesta musicales y visuales.

Y en un rincón de ese salón, que no tiene ángulo oscuro ni duerme olvidado por su dueño, como Bécquer decía del arpa en su célebre rima, hay un moderno piano inmaculado de polvo, (como todo en la esterilizada casa de Francisco), al que su dueño está empeñado en sacarle todas las notas que en el duermen. Y es que nuestro protagonista de hoy, intenta y seguramente conseguirá, realizar el sueño de su vida: el de ser interprete musical de los sonidos, que ahora y siempre han estado ahí para él, como fondo musical de la película de sus más queridos sueños y fantasías. Fantasías que Francisco, sibarita en todo, lleva al límite de su exquisitez, cuando en otro “rincón secreto” aledaño a ese salón, tiene imaginativamente montada, una segunda habitación de matrimonio, a la que los fines de semana se muda con Loli, para un viaje de corto recorrido pero largo alcance, para romper la rutina de los mismos escenarios y las mismas prácticas. ¡Chapeau!.

No es fácil clasificar como persona a mi amigo Francisco. La discreción, la moderación gesticular y de expresión verbal con la que se desenvuelve en sus relaciones con los demás, le hace un tanto hermético. Sin embargo, eso de por sí, ya es un retrato de su personalidad bondadosa y respetuosa. Mide las palabras con la precisión del técnico acostumbrado a ordenar tornillos para que ni le falten ni le sobren al montar el artilugio. Eso le recta espontaneidad, pero le añade precisión y elegancia en el trato, no exenta de comedida simpatía. Francisco no es de los que nos desmelenamos por nimio que sea el impulso pasional. El se apasiona en silencio, por la Pintura y por la Música, e ignoramos y desde luego él no nos lo va a decir, si se apasiona o reina el silencio, en la insonorizada habitación de sus viajes de fin de semana.

Muchas gracias.

Carlos Bermejo

Alicante, 25 de Febrero de 2010