ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

martes, 19 de mayo de 2026

¿Qué hace Pedro Sánchez en Sevilla el 18 de mayo, cuando hay que curar un esguince en Ginebra?

 

                            (Jarro de agua fría sobre el PSOE de Andalucía con 28 escaños)

 

¡Pero qué clarividencia la del señor Presidente Pedro Sánchez! Hay que tener la madurez política de un titán para entender que las urnas andaluzas no estaban castigando una gestión, sino que estaban, en realidad, liberando a Pedro Sánchez de las mundanas cadenas de la política nacional y autonómica andaluza. ¿Para qué quedarse a recoger los platos rotos en Sevilla cuando la humanidad entera está en juego en Suiza por un esguince?

Es una jugada maestra y típica sanchista de huir hacia adelante, de escapismo geopolítico. Imaginen la escena: los datos del escrutinio andaluz caen como un jarro de agua fría, el socialismo del sur tiembla (con el peor resultado de la historia del SOE en Andalucía con 20 escaños), y en medio del drama de Montero con lágrimas femeninas, Sánchez mira su reloj, se ajusta la corbata y dice: "Lo siento, España, pero la OMS me llama. Hay un fémur prehistórico que necesita mi atención inmediata y médica".

Los ciudadanos andaluces no han votado contra Montero, sino en clave nacional contra Sánchez, porque no quiere entender que sin presupuesto por tres legislatura nos de puede gobernar y se comporta como ni niño/as que quiere su caramelo a la fuerza. Para convertirse en paladín de la soberbia.

La señora de rojo y el arte del "no te conozco"

Lo de María Jesús Montero es ya poesía vanguardista de los poetas andaluces del 27. Esa señora de rojo, que hasta hace cinco minutos era la mano derecha y ministra de Hacienda (soy la mujer más poderosa de España), la voz en los mitines y la encargada de cuadrar las cuentas, de repente se ha convertido en una carismática desconocida de Pedro.

"¿Montero? ¿María Jesús? Me suena... ¿No es una señora que pasaba por allí vistiendo colores corporativos? En fin, le deseo lo mejor en su comunidad autónoma, yo es que soy más de la escala global."

Un portazo elegante, con clase, de esos que dejan a tu ministra de Hacienda parpadeando mientras el Falcon calienta motores rumbo a Ginebra. Al fin y al cabo, enfrentarse a las preguntas de la prensa madrileña o andaluza es un incordio incómodo; es muchísimo mejor recibir una ovación cerrada de la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra.

El fémur de la discordia

Y es que el discurso no tiene desperdicio. Mientras en Ferraz se preguntan en qué parte del fémur andaluz se ha producido la fractura electoral, Sánchez se eleva a los altares de la antropología lírica:

  • La rueda: Un invento menor, probablemente sobrevalorado por los votantes que querían infraestructuras en Andalucía.

  • El fuego: Útil, pero quema, como los resultados del escrutinio.

  • El fémur soldado: La verdadera esencia de la civilización.

Es una metáfora preciosa. Alguien curó a aquel homínido hace miles de años, igual que el Presidente planea curar al mundo... aunque el paciente andaluz haya decidido cambiar de médico de cabecera de forma un tanto brusca porque ni consigue citas ni le operan ni de un grano.

La civilización, nos dice, empieza con una mano tendida en el manual de resistencia (copiado por cierto). Una mano tendida para coger la maleta, subirse al avión y poner un océano de distancia —o al menos unas cuantas cordilleras europeas— entre su persona y la cruda realidad del escrutinio andaluz, extremeño, aragonés, castellano-leones. ¡Qué nivel! ¡Qué aplauso unánime! Los delegados internacionales en pie, conmovidos por la profundidad del fémur, ajenos por completo a que, en España, lo único que se ha soldado es un resultado electoral que no cotiza precisamente al alza.

Ramón Palmeral, un andaluz en el exilio