El mesías de Dos Hermanas: ocho años de milagros y ninguna culpa
Hay cualidades innatas que la naturaleza otorga solo a unos pocos elegidos. Dale un micro y moverés el mundo. Pedro Sánchez no nació para gestionar un presupuesto ni para aburrirse en un consejo de ministros; nació para subirse a un escenario y derrochar caudales. Buena planta de galán de telenovela, un timbre de voz cadencioso y esa habilidad prodigiosa para usar la verdad con la misma delicadeza con la que un malabarista maneja los cuchillos: solo cuando le conviene.
Aterriza el sábado 10 de octubre en Dos Hermanas disfrazado de obrero con camisa azul Mahón, al histórico feudo socialista de tierras agrícolas, sudor y jornaleros temporales, acompañado de María Jesús Montero, y los socialistas andaluces venidos en autobuses, se dio un baño de abrazos. Y lo hace con la frescura de quien acaba de bajar del autobús de la política esa misma mañana. Habían llegado en autobuses los viejos socialistas de Felipe González (con el que no comulga); pero Zapatero (el Señor de los Anillo) no estaba. Tras ocho años en el poder —ocho años de un mandato que muchos tildan con entusiasmo como el más convulso de nuestra democracia—, Sánchez se presenta «de nuevas». Con la mirada limpia y la sonrisa intacta, nos ofrece la solución definitiva a la vivienda y se erige, faltaría más, en el viudo putativo y heredero sentimental de la mismísima Maricarmen.
Los culpables siempre son los demás
El guión del mitin es una obra maestra del teatro absurdo: la culpa de que el alquiler esté por las nubes y el suelo paralizado es, cómo no, de la derecha. Poco importa quién haya gobernado o quién haya puesto palos en las ruedas del urbanismo con leyes que sofocan la oferta; en la cosmovisión sanchista, el Ejecutivo es un mero espectador indignado. Él no tiene culpa de nada. Es la inocencia encarnada en medio del barro, inmune a las cloacas, a las tramas que salpican a su partido y a esa ininterrumpida colección de exministros que acaban cambiando el escaño por el módulo penitenciario.
Promete ahora resolver el problema habitacional como quien regala caramelos en la puerta de un colegio. Pasa por alto, eso sí, el pequeño detalle demográfico de haber fomentado una entrada masiva e incontrolada de población que tensiona los servicios y el mercado sin haber previsto jamás dónde se iba a alojar a tanta gente.
Pero da igual. En su universo épico —donde lo mismo se cita El Señor de los Anillos que se lucha contra las fuerzas del mal—, el presidente nunca pierde. Aunque el país cruja y el mapa político parezca una novela de Mordor, Sánchez siempre encuentra un micro para explicarnos que la culpa fue del chachachá... o de la oposición.
Los muertos en el armario
Detrás, en los baúles del armario, quedaban Begoña Gómez, el hermanísimo, Zapatero, el caso de la jueza Biedman, Ábalos, Santos Cerdán, rescates a Plus Ultra, Tito Berni, y por supuesto el sangrante caso de la invasión de Ceuta etc etc.
Ramón Palmeral
Alicante
