ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

domingo, 17 de octubre de 2010

JULES OLITSKI. Pintor minimalista


La historia del arte tiende, en su afán científico, a la clasificación. Así, Jules Olitski (Snovsk, Rusia, 1922) quedó encasillado en el apartado de la “abstracción pospictórica” y en el subapartado de primera influencia europea (se “convirtió” a la abstracción en Francia, con Dubuffet por modelo), con importante presencia de lo matérico injertada con un protagonismo del color. Pero este análisis puramente formalista, que ha puesto justamente de relieve sus logros en este ámbito, ha omitido aspectos de la obra de Olitski en los que descansan en gran parte la marcada personalidad de la misma.

Las galerías Afinsa y Almirante mostraron en 1990 una pequeña retrospectiva de Olitski con un buen número de cuadros de los 80. Metta repite el esquema con la variante de que arranca de 1977 y de que incluye un grupo de obras de esta década, en la que Olitski ha imprimido un nuevo giro, el más radical, a su arte.
La sensualidad de la pintura de Olitski ha desagradado a una parte de la crítica, que le ha acusado de decorativismo sin molestarse quizá en averiguar qué había detrás de las “extravagancias” de quien debía haber mantenido la postura heroica y austera que se espera de una figura de vanguardia. Se pasa de puntillas por la obsesión bíblica de Olitski, que no se manifiesta en representaciones pero sí, y constantemente, en los títulos de las obras, dedicadas a Adán y Eva, Abraham, David, Lot, Moisés, Dalila o Salomé. En una entrevista habla de que hay que entregarse a algo más grande que uno, un yo superior, “porque lo que uno hace es crear, no diseñar cajas de Kleenex”. Francisco Calvo Serraller señaló con perspicacia a este propósito un “aura mística bizantina, de tipo eslavo” y un sentido simbólico en Olitski, que se puede intuir en los reflejos metálicos que abundan en su obra y la “flotación” de los pigmentos ante las superficies.

En los últimos años el septuagenario artista, libre de toda clase de inhibiciones, se ha volcado en temas profanos: el paisaje y la mitología. Utilizando nuevos materiales, con apariencia de plástico, hace que colores agrios, nacarados y caprichosos se agiten y se revuelvan sobre las telas con desigual relieve y rugosidad. Venus expone impúdica sus rosadas carnes y el espectador es invitado a la ardiente isla de Citerea. Los hermosos monotipos remiten en unos casos al impresionismo y en otros a los encendidos horizontes de Nolde, recuerdo de la época, en los 60, en que deambulaba por Italia pintando paisajes. Los viejos maestros que estudió en su día regresan, “desdibujados”, a la pintura audaz, joven e inclasificable de Olitski.