(Prestianni, al taparse la boca premeditadamente, se culpabiliza él solo)
El escándalo por la durísima acusación de racismo de Vinícius Júnior contra Gianluca Prestianni (jugador del Benfica) sumó un nuevo y explosivo capítulo. La polémica dejó de ser un cruce entre futbolistas y escaló a nivel internacional cuando Kylian Mbappé respaldó públicamente la versión del brasileño y exigió sanciones ejemplares, incluso planteando la posibilidad de expulsión de la UEFA en el marco de la UEFA Champions League. Es evidente que el hecho de taparse la boca es un hecho premeditado y estudiado previamente, lo tenía previsto, por lo tanto no fue un insulto espontáneo.
Las imágenes del momento encendieron aún más la controversia. Cuando un jugador se tapa la boca para vociferar algo en pleno partido, el gesto no es inocente: sugiere conciencia de gravedad. Nadie oculta palabras que sean triviales o elogiosas. Si, como denuncia Vinícius, el insulto fue “mono”, estamos ante una agresión racista intolerable, que no admite relativizaciones ni excusas.
Mbappé fue contundente: sostuvo que escuchó el agravio en reiteradas ocasiones (5 veces) y que no se puede seguir normalizando este tipo de conductas. Le dijo al argentino: "Eres un puto racista". Su postura marca un punto de inflexión. Durante años, muchos futbolistas optaron por callar o “dejar pasar” los insultos racistas para evitar conflictos mayores. Pero esa estrategia no erradicó el problema; al contrario, lo enquistó.
Vinícius ha sido uno de los rostros más visibles en la lucha contra el racismo en el fútbol europeo. Y hace bien defender su honor de persona, su honor y su prestigio. Lejos de naturalizar las agresiones, decidió denunciarlas, aun cuando eso lo exponga a críticas o presiones. Esa actitud —incómoda para algunos— es precisamente la que obliga a las instituciones a actuar. Callar ya no es opción.
Si se comprueba la veracidad de los hechos, Prestianni deberá responder disciplinariamente ante la UEFA. Las competiciones de élite no pueden permitir que el racismo tenga cabida ni dentro ni fuera del campo. Las sanciones no solo castigan; también envían un mensaje claro: el fútbol del siglo XXI no tolera la discriminación.
Erradicar el racismo no es una consigna vacía ni un eslogan para campañas institucionales. Es una responsabilidad concreta de jugadores, dirigentes, árbitros, hinchas y organismos rectores. El deporte, que tantas veces se presenta como espacio de integración y diversidad, debe ser coherente con esos valores.
El mensaje que deja este nuevo episodio es contundente: cada insulto racista debe ser señalado, denunciado y sancionado. Porque no se trata solo de proteger a un futbolista, sino de defender la dignidad humana dentro y fuera de la cancha.
Conocida es la rivalidad entre brasileños y argentinos por el fútbol; sin embargo, esta rivalidas no puede trascender al ámbito personal en ningún caso.
Ramón Palmeral
Alicante, 17-02-2026
Momento en que Mabppé lo dijo a Prestiane: "Eres un puto rascista"

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