ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

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sábado, 14 de febrero de 2026

Gabriel Rufían: Un independentistas catalán quiere liderar a toda la ultraizquierda, ante el temor de que gane la derecha

 

                                                 (El chico malote de ERC)

Ah, el eterno retorno a la España republicana de 1931-1039, esa máquina del tiempo tan socorrida en la política española. Basta con que Gabriel Rufián, portavoz en el Congreso de (ERC) Esquerra Republicana de Catalunya, diga en una entrevista en El País 12-02-2026 que siente “miedo a un gobierno de toda la derecha”, para que algunos ya oigan de fondo los tambores de 1934 y vean sombras de checas en cada esquina. A mí lo que me da miedo en que regrese una III República y los gobiernos de la dictadura del pueblo).

Porque, claro, en cuanto alguien pronuncia la palabra “miedo”, automáticamente se abre un portal a la Segunda República. Aparecen Azaña, Indalecio Prieto y Largo Caballero negándose a aceptar que la CEDA pudiera gobernar, mientras Manuel Azaña —según algunas lecturas muy creativas— recibía supuestas “directrices” de la Unión Soviética por Joseph Stalin. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, cualquier declaración parlamentaria del "sanchismo" 2026 se convierte en prólogo inevitable de revolución, insurrección y cataclismo. El socialismo de Pedro Sánchez está en la mismo línea de Largo Caballero: "La derecha no debe goberar".

La ironía es que en democracia el uso del miedo es perfectamente legal. Lo que no es obligatorio es compartirlo. Un dirigente puede temer un gobierno “de toda la derecha”, otro puede temer un gobierno “de toda la izquierda”, y un tercero puede temer que suba el precio del pan. El temor, por sí solo, no deroga constituciones ni convoca milicias; simplemente forma parte del lenguaje político, que vive de exageraciones preventivas.

Resulta curioso, además, hablar de “volver” a escenarios donde la derecha no podía gobernar, cuando en la España constitucional ya lo ha hecho con normalidad como José María Aznar, líder del Partido Popular, gobernó dos legislaturas tras suceder a Felipe González. Después llegó Mariano Rajoy, también desde el mismo partido. No hubo tanques en las Cortes, ni barricadas en la Castellana, ni un retorno automático a 1933 por arte de magia parlamentaria. Recordamos que lo comunistas de Pablo Iglecia, líder de Podemos, si rodeó Las Cortes con las barricadas.

Tal vez el problema no sea el miedo, sino la épica. En España nos fascina convertir cada declaración en un capítulo de guerra civil anticipada. Una frase se interpreta como plan maestro para reescribir la historia; una advertencia retórica se transforma en conspiración sistémica. Y así, entre nostalgias cruzadas y fantasmas ideológicos, el debate actual se recubre de un dramatismo que haría las delicias de cualquier guionista histórico.

¿Quiere Rufián “cambiar el relato”? Probablemente quiera ganar el debate político, como todos. ¿Exageran sus críticos cuando convierten una frase en preludio revolucionario? La política española, en su versión más irónica, funciona como un teatro donde cada actor acusa al otro de estar ensayando 1936 mientras, en realidad, todos están compitiendo por el titular de mañana.

Y al final, pese a los miedos invocados y los recuerdos convocados por Rufíán, la aritmética parlamentaria sigue siendo menos romántica que las analogías históricas: suma, resta y mayoría. Sin máquinas del tiempo. Rufíán quiere ser líder de toda la ultra-izquierda (Sumar, IU, Podemos, Má Madrid, Comunes, independentistas...), no lo va a conseguir porque entre los malotes de la izquierda nunca ha habido unión, son como el agua y el aceite.