ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo. El periodismo consiste en decir lo que a algunos no les gustaría leer.

miércoles, 22 de octubre de 2008

MIRAR UN CUADRO: TERESA TORMO




MIRAR UN CUADRO: TERESA TORMO
OBRA:” VIVENCIAS”
La pintora que hoy viene a este Taller, tiene para mi una doble condición: la de ser una buena amiga a la que quiero de verdad y la de ser compañera de Directiva de la Asociación. Cualquiera diría que el afecto que por esto dos motivos tengo hacia Teresa, va a ser causa de parcialidad para caer en el panegírico laudatorio, en el que, según las malas lenguas, ya caigo habitualmente en las semblanzas que suelo hacer de las personas-artistas que pasan por este trago agridulce de venir aquí a enseñar sus cuadros y a ser enjuiciados con más o menos benevolencia por los compañeros. Esta acusación no es justa porque yo no miento. En el Catecismo del Padre Ripalda, en el que muchos de nosotros aprendimos los fundamentos de la Fe Cristiana, se decía que mentir es decir lo contrario de lo que se siente. Yo nunca digo lo contrario de lo que siento. Yo siento admiración por lo que hacen los demás. Y si lo que hacen es Arte con mayúscula o con minúscula y lo sienten hasta el punto de ser primordial en sus vida, yo siento lo mismo y a todos considero como “mis colegas”. Y de los “colegas” se dice lo bueno y si algo tienen de malo, me lo callo. Pues bien, con Teresa no tengo que callarme lo malo, porque si lo tiene yo nunca se lo he visto.
Sigamos.
Teresa vino a este Mundo en Polop de la Marina, un pueblo de la montaña alicantina, que solo le queda de mar la denominación de origen, porque el mar se lo fueron quedando otros pueblos segregados de la Baronía de Polop. Como a casi todos los niños y niñas, a Teresa le gustaba dibujar y quizás para evadirse de la dura realidad de la escuela publica de la posguerra, hacia retratos a lápiz de sus compañeros. Pero su incipiente carrera en la pintura, no paso de ahí, porque a la tierna edad de los trece años, a sus oídos comenzaron a llegar las palabras embriagadoras de un jovenzuelo de su pueblo, que seguramente, ya por entonces, le debieron sonar a pura poesía, y Teresa se olvido de sus inquietudes artísticas. A los veinte años, el poeta en ciernes la desposa y se la lleva a Alicante. Aquí la lucha por la vida, la amarra al mostrador de una panadería, negocio en el que ayuda a su esposo, quien junto a sus hermanos, por entonces comienza su andadura y hoy es floreciente y famoso. Como floreciente fue el amor que se profesaban, pues al calor del horno el panadero le hizo tres hijas y un hijo para rematar la hornada, de la que hoy han surgido cuatro nuevos panecillos.
Y como la felicidad completa no existe en este Mundo, a principios de los noventa el azahar le viene a golpear, con el diagnostico de una grave enfermedad, que le hace dejar el trabajo para luchar contra ella a tiempo completo; lucha en la que, con altibajos emocionales y de salud, Teresa, “madre coraje” como la que mas, está logrando vencer aunque el peligro permanezca agazapado. Y es que en su viaje por infierno de la temida enfermedad, Teresa ha tenido y tiene como acompañante a su Virgilio particular: Paco para los amigos. El no la dejara que se pierda en el “camino de la selva oscura” como le ocurrió a Dante.
En esas duras circunstancias, Teresa, retoma las vivencias de su niñez, y decide llevar más allá del dibujo su dormida afición infantil. Para ello se inscribe en la academia del pintor Jaro, quien comprueba que Teresa no es una principiante. Con Jaro esta poco tiempo y alternándolo con el auto aprendizaje en su casa, hasta que en el 2004 se inscribe en la Academia de Pintura de Luis Clemot, donde realiza cursos de acuarela, pastel y oleo, a la vez que asiste a los cursos de Introducción al Arte y de Arte Contemporáneo, impartidos por el Profesor Rafael Navarro en la universidad alicantina. Simultáneamente y con la seguridad que le va dando lo aceptable de su trabajo como pintora, comienza a exponer de forma individual en su pueblo, en el de La Nucia y en la Sala de la Asociación. También participa en numerosas colectivas, en Alicante y sus pueblos y en Lorca.
El pasado año, deja la Academia de Clemot y ya se dedica a pintar por su cuenta y riego en la soledad de sus estudio casero, entre los cacharros y trebejos de la cocina familiar, de donde van saliendo los apetitosos platos de sus cuadros, que, ¡ oh milagro! y tal como está el patio, logra vender a buenos precios. Pero además sale algo mucho más importante: un milagroso paliativo al dolor y a las preocupaciones cotidianas, que quedan fuera de su cocina-estudio cuando se enfrenta a la atractiva incógnita del lienzo en blanco. Solo por eso, para los que la practicamos, la pintura es tabla de salvación a la que asirnos, en el naufragio de la vejez y de la enfermedad.
El cuadro que hoy nos trae Teresa lo titula “VIVENCIAS”. Ese título es como una declaración de intenciones de su pintura. Sus obras son casi todas frutos de sus vivencias y recuerdos. Paisajes de su pintoresco pueblo; de los juegos y bailes de su niñez; de las casas familiares y de sus objetos decorativos; de las flores que en un efímero momento le sedujeron con su perfume y sobre todo con su color; de los almendros que florecen cuando intuyen la primavera; de las personas a las que ama. Y en fin, todo aquello que un día vivimos, vimos y olimos como algo natural y simple que de siempre estaba ahí, y que no apreciamos sobre manera, hasta que nos vemos en riesgo de perderlo.
Teresa, prefiere el oleo para expresar sus “vivencias”, aunque a practicado y ensayado con el pastel y la acuarela. Lo aplica sin estridencia alguna. No le gustan los fuertes contraste de color (excepto cuando pinta flores), por lo que su gama de color es, en general, baja y en ella predominan los ocres y verdes quebrados, acentuados aquí y allá por pequeños toques de los primarios.
El dibujo no es problema para Teresa, pues lo domina bastante bien. Tampoco la pintura del natural, aunque se apoya fundamentalmente en la fotografía, como lo hacen casi todos los pintores desde mediados del XIX. Sin embargo yo la he visto pintar del natural, un rincón de mi jardín, y tengo que decir que me sorprendió su soltura para encajar el tema y desarrollarlo.
Y ya, voy a entrar brevemente en lo que yo más admiro en Teresa, aunque no olvido su condición de pintora: y es su rica humanidad como esposa, “madre amantísima” y mujer de temperamento inquieto y vivaz, siempre dispuesta a disculpar las flaquezas del prójimo, zanjando las tiranteces con una alegre sonrisa que surge de una espiritualidad a prueba de bomba. La bomba de relojería con la que vive y que espero y deseo de todo corazón, que no sea de efecto retardado Esa es la Teresa que yo más admiro y a la que adoran los suyos y yo también.
Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Y yo me pregunto: ¿Qué hay detrás de una gran mujer como Teresa? La respuesta es obvia: Hay un gran hombre cuya sensibilidad artistico-poetica alimenta el tándem que los dos forma. “Tiene mi cerebro ocupado en su presencia-aun en su ausencia”. “Si pinta unas rosas, luego al mirarlas consigue que huelas el perfume de ellas”. “Del amor no quiero hablar por ser algo muy particular”. “Quiero irme antes para no sufrir su perdida”. Decirme si no es grande una mujer que es capaz de inspirar esos versos, mas sentidos que pulidos, y si no es grande un hombre que asi siente después de más de cincuenta años de unión. Pues bien, ese gran hombre que hay detrás de Teresa Tormo, es su esposo Francisco Fuster, grande por sí mismo y por haber sabido encontrar y nutrirse espiritualmente a la sombra de su gran mujer, quien en una ocasión familiar muy señalada, le dijo estas palabras dignas de ser grabadas: “Por mi parte marido siempre quisiera estar a tu lado-sirviéndote de apoyo y sintiendo el tuyo…” ¡Ahí queda eso!
Muchas gracias
Carlos Bermejo
Alicante, 22 de Octubre de 2008