Las redes sociales y los partidarios de la III Repúblican están que arden. Esta tarde hay manifestaciones para pedir un referéndum para poder elegir entre Monarquía o República. Estos movimientos son la herencia de los 15-M, Izquierda Unida, Pomeos, la victoria en la europeas de los partidos minoritarios, la cegara de la Corona ante los casos de corrupción, el yerno y la Infanta, los intelectuales cabreados y los descendientes de la II República etc. etc.
Creo que este referéndum no es lo que más le conviene a España. Sin embargo, poniendo la mano en el coración creo que un presidende de la república no le llegaría al Principe Felipe ni a la suela de los zapatos, su preparación, su prestigio internacional con Iberoamérica, países árabes y Marruecos son incuestionable. Por despecho, por protagonismo de unos cuantos líderes no se puede acabar con la Corona Constitucional. Creo que no es el momento.
Aceptar el referéndum sería incómodo para el PSOE, que históricamente ha apostado por el modelo de gobinero de la república.
Los presidentes de repúbicas electos en elecciones tampoco brillan por su rectitud y limpieza.
Juan Luis Cebrián, ha escrito en El País, 2 de junio 2014
La sucesión en el trono
se va a producir en momentos especialmente delicados de la vida
española, acosados los ciudadanos por la crisis económica, desorientada
la clase política, huérfano el país de los liderazgos necesarios, e
inmerso en una confusión que amenaza tanto la cohesión territorial como
la social. De forma que la utilidad de la institución monárquica sigue
siendo un buen parámetro a la hora de apoyar esta nueva verdadera
transición que constituye la asunción del trono por el Príncipe de
Asturias. No nos encontramos sólo ante un relevo generacional, sino ante
un cambio de época en el que nuevamente la institución puede y debe
servir de ayuda a la hora de solventar los serios problemas que
enfrentamos. Sin duda el más evidente desde el punto de vista
estructural es la desafección creciente hacia el Estado que se percibe
en Cataluña. La exasperante pasividad del Gobierno a este respecto no ha
hecho sino empeorar las cosas. Por eso, si ya parecía evidente que era
precisa una reforma constitucional que garantizara la continuidad del
sistema emanado de la Transición, el paso dado este mismo lunes por el
Rey la justifica aún más. (La utilidad del Rey)
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En unas lecciones por la Jefatura del Estado a quién prefieres a Felipe VI, a Felipe González, a Aznar, a Zapatero, a Cayo Lara, a Carmen Chacón o al de la coleta.
El exfiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villerejo, número
tres de la lista de Podemos a las elecciones europeas, renunciará a su
escaño de eurodiputado cuando presente ante el Parlamento Europeo la
directiva anticorrupción del partido que lleva su nombre. Así lo ha
confirmado en rueda de prensa el líder de Podemos, Pablo Iglesias, que
además ha avanzado que cumplirán su promesa de limitar el sueldo de los
eurodiputados de su partido a 1.930 euros -tres veces el salario mínimo
interprofesional- y no los 8.000 que reciben los europarlamentarios.
Iglesias ha recordado que ya hace unos meses, cuando
presentó la candidatura, Jiménez Villarejo anunció que no era su
intención incorporarse a la vida política en el Parlamento Europeo por
razones "personales y familiares", como hoy ha reiterado. No obstante,
tanto Iglesias como Jiménez Villarejo han negado tajantemente que detrás
de la candidatura del exfiscal anticorrupción se escondiera una
estrategia electoral, ya que él mismo ha insistido en que se siente
plenamente identificado con el programa de Podemos.
El exfiscal tomará posesión de su escaño el próximo mes de
julio y defenderá en el Parlamento Europeo la "directiva Villarejo"
contra la corrupción, tras lo cual, en principio, tiene la intención de
renunciar a su escaño y sería sustituido por la número 6 de la
candidatura, la asturiana Tania González, aunque seguirá colaborando con
Podemos. "Aquí estoy, voy a continuar el tramo que sea posible, pero
más adelante, Dios dirá", ha dicho Villarejo, sin dar tampoco como
definitiva su decisión de renunciar al escaño.










