(Europa inventa las bicicletas voladoras)
Europa, siempre acusada de regular hasta la curvatura del plátano pero jamás de adelantarse a los problemas, por fin ha dado el golpe sobre la mesa: ante la escasez de queroseno, ha decidido que volar estaba sobrevalorado… al menos si no implica pedalear. Así nacen las flamantes “bicicletas voladoras”, un prodigio de ingeniería donde el pasajero, además de llegar tarde, llega sudado.
La idea es brillante en su simplicidad: ¿para qué depender de combustibles fósiles cuando puedes depender de tus cuádriceps? El embarque ahora incluye una breve prueba de resistencia cardiovascular, y las azafatas —perdón, entrenadoras personales— te animan con frases motivadoras mientras asciendes a 10.000 metros a base de esfuerzo y arrepentimiento.
Los beneficios son incuestionables. Se reduce el consumo de combustible, se recortan emisiones y, de paso, se elimina cualquier rastro de sedentarismo europeo. Nada une más al continente que una pedalada colectiva contra el viento en clase turista. Eso sí, la clase business ofrece un pequeño lujo: marchas automáticas.
Por primera vez en la historia —o eso dirán los titulares— Europa no solo reacciona, sino que se adelanta. Quizá no en velocidad, pero desde luego en originalidad. Porque si algo queda claro es que, cuando faltan recursos, sobran ideas… aunque algunas requieran casco, licra y una fe inquebrantable en las piernas propias.
Ramón Palmeral

