Elecciones en España: una necesidad democrática urgente
España en enero de 2026, con el accidente ferroviario de Adamuz, atraviesa un momento crítico que exige una reflexión profunda y una respuesta democrática clara: la convocatoria inmediata de elecciones. Cuando una democracia comienza a deteriorarse y el poder se concentra en manos de la dictadura del pueblo, en proyectos ideológicos excluyentes, independentistas radicales y redes de corrupción, las consecuencias no tardan en manifestarse en la vida cotidiana de los ciudadanos.
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El abandono del mantenimiento de las infraestructuras básicas —como las vías férreas, carreteras, puertos y servicios esenciales— no es un hecho aislado ni fruto del azar. Es, en muchos casos, el resultado directo de una mala gestión, de la corrupción estructural y de la ausencia de controles eficaces. Estas carencias generan desgracias evitables, ponen en riesgo la seguridad de las personas y deterioran la economía del país.
A ello se suma el debilitamiento de la Seguridad Social y de otros pilares del Estado del bienestar, que deberían estar protegidos por encima de cualquier interés partidista. Cuando los recursos públicos se desvían, se malgastan o se utilizan como moneda de cambio política, quienes pagan el precio son siempre los ciudadanos, especialmente los más vulnerables.
Otro elemento alarmante es la falta de asunción de responsabilidades políticas. Cusndo dicen que la oposición usa el fango y las mentiras. En una democracia sana, los errores graves conllevan dimisiones, explicaciones claras y rendición de cuentas. Cuando esto no ocurre, el sistema se desliza peligrosamente hacia formas de autoritarismo, donde el poder se ejerce sin consecuencias y la voluntad popular queda relegada.
España no puede permitirse continuar por este camino. Un Estado que ignora el deterioro institucional, la corrupción y la pérdida de calidad democrática corre el riesgo de convertirse en un régimen autoritario de facto, aunque conserve una apariencia formal de democracia.
Por todo ello, devolver la palabra a los ciudadanos mediante elecciones libres y transparentes no solo es legítimo, sino necesario. Es la única vía para recuperar la confianza en las instituciones, exigir responsabilidades y reafirmar que la soberanía reside en el pueblo, no en élites políticas desconectadas de la realidad social.
Ramón Palmeral
Alicante, 21-01-2026