La indignación en el gremio de los maquinistas no ha dejado de crecer en los últimos días tras los siniestros de Adamuz y Gelida, dos episodios que han vuelto a poner en primer plano las deficiencias estructurales del sistema ferroviario. Lo que comenzó como una serie de denuncias internas por parte de los profesionales del sector ha terminado desembocando en la convocatoria de una huelga para los días 9, 10 y 11 de febrero por parte del sindicato mayoritario, Semaf, una movilización que consideran prácticamente inevitable pese a los intentos de última hora del Ministerio de Transportes por frenar el conflicto.
El ministro Óscar Puente ha asegurado públicamente que se sentará a negociar con los representantes de los maquinistas para evitar la huelga. Sin embargo, sus propias declaraciones en los últimos días han contribuido de manera significativa a caldear los ánimos en lugar de apaciguarlos. Lejos de reconocer la gravedad de las denuncias planteadas por los trabajadores, sus manifestaciones han sido percibidas por el sector como una falta de respeto y de sensibilidad hacia un colectivo que lleva tiempo alertando de múltiples irregularidades en materia de seguridad, formación, cargas de trabajo y mantenimiento de las infraestructuras.
Los maquinistas no solo reclaman mejoras laborales; están denunciando situaciones que, a su juicio, comprometen la seguridad de los viajeros y de los propios trabajadores. Que estas advertencias hayan sido ignoradas durante tanto tiempo añade una sensación de abandono institucional que explica el clima de indignación actual. En este contexto, muchos consideran que Óscar Puente debería dimitir por una cuestión de dignidad y de respeto hacia las víctimas de los accidentes, asumiendo responsabilidades políticas por una gestión que ha demostrado ser, como mínimo, deficiente.
Asimismo, se exige al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que dé la cara y asuma su papel en una crisis que trasciende a un solo ministerio. No se puede gobernar eficazmente sin presupuestos ni planificación a medio y largo plazo, y mucho menos en un sector estratégico como el transporte ferroviario. La falta de recursos, de previsión y de diálogo real con los profesionales está pasando factura, y la huelga anunciada es solo la consecuencia visible de un problema mucho más profundo que lleva años gestándose.
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Sus manifestaciones han indignado y encendido al sector. De los paros ha dicho que se deben al «suflé emonocional» del colectivo y que espera evitarlos cuando baje
La indignación en el gremio de los maquinistas ha crecido en los últimos días con los siniestros de Adamuz y Gelida hasta desembocar en una convocatoria de huelga por parte del sindicato mayoritario, Semaf, los próximos días 9, 10 y 11 de febrero que consideran casi inevitable a pesar de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha asegurado que se sentará a negociar con ellos para evitarla. Pero es que el ministro ha sido precisamente uno de los que más han contribuido a caldear los ánimos del sector con sus numerosas manifestaciones públicas.
El miércoles, después de que los maquinistas anunciasen la huelga, el ministro trató de rebajar la gravedad de los hechos que han llevado a su convocatoria y aseguró que obedecía en buena parte al «estado de ánimo» de estos profesionales tras el fallecimiento de tres de sus compañeros en ambos accidentes y que sus reivindicaciones no se solucionan así. Argumento en el que perseveró ayer al asegurar que cuando baje el «suflé emocional», está convencido de que podrá sentarse con los maquinistas para llegar a acuerdos y evitar las movilizaciones de febrero.
La percepción de estos profesionales, como informó ayer LA RAZÓN, es diferente. Consideran que ha llegado el momento de dar un golpe en la mesa y se sienten engañados por las promesas incumplidas de Transportes.
Como aseguró ayer su secretario general de Semaf, Diego Martín, la huelga no obedece a su estado de ánimo sino que se sustenta en que «no es normal» que se produzca un accidente de las características de Adamuz y dos descarrilamientos en Rodalies –Cercanías de Cataluña– horas después a pesar de que los maquinistas reportaron incidencias.
Denuncias
Puente también ha restado valor a estas denuncias trasladadas por los maquinistas sobre las deficiencias en la red que, en los últimos días, han dado pie a que Adif haya impuesto límites temporales de velocidad (LTV) en líneas como la Madrid-Valencia, Madrid-Barcelona y Santiago-Orense.
Entre los maquinistas sentó especialmente mal el comentario que realizó el ministro de que se han impuesto límites en el corredor de Barcelona tras las advertencias de un solo maquinista. «El problema es que hemos pasado de cuatro avisos diarios en el conjunto de la red a tener sólo el martes, el día después del accidente, 25 avisos sólo en la Madrid-Barcelona y 21 realizados por un solo maquinista. Ayer a las diez de la mañana teníamos 13 avisos de un solo maquinista y no eran avisos de un punto, eran avisos de tramo completo», dijo Puente, que además restó valor a estos partes. Las denuncias de los maquinistas sobre el estado de la vía son un procedimiento «normal» de la operación pero «no son el único ni el más exacto», ya que se complementan con otros procedimientos reglados, aseguró el ministro.
Los maquinistas, sin embargo, aseguran que remiten numerosos partes y notificaciones a los responsables del mantenimiento de la infraestructura, pero que muchos de ellos quedan «sin respuesta ni actuación durante meses, e incluso años».