(Las horas de Pedro Sánchez está contadas)
Un Gobierno de Sánchez no puede gobernar, pero tampoco parece tener prisa por comprobarlo en las urnas. Gobernar, lo que se dice gobernar, es complicado cuando no se tienen apoyos parlamentarios, pero siempre queda el recurso de estirar la legislatura y confiar en que el relato aguante más que los números.
Este martes negro de 2026, el Gobierno de Pedro Sánchez ha estrenado el año con su primera derrota parlamentaria. El Congreso de los Diputados ha decidido que el real decreto ómnibus del Ejecutivo, ese cajón de sastre donde cabe de todo, no merecía su bendición. Dentro iban varias medidas sociales, incluida la revalorización de las pensiones, que ahora han quedado convenientemente bloqueadas. Eso sí, Moncloa puede respirar algo más tranquila porque el segundo decreto, uno más modesto, el de ayudas al transporte, sí ha salido adelante. Algo es algo.
Lo más curioso es que el Gobierno sabía perfectamente que no tenía los apoyos necesarios para sacar adelante el decreto ómnibus. Aun así, lo llevó a votación, quizá para poder explicar después que la derecha “no ha querido revalorizar las pensiones”. Un clásico. Porque, al parecer, no fue el Ejecutivo quien decidió mezclar pensiones con incendios, dana, comunidades autónomas y desempleados en un solo paquete imposible, sino la oposición la que, por puro deporte, decidió votar en contra. Los pensionistas, eso sí, convenientemente utilizados como rehenes retóricos en la negociación política.
Ahora el Gobierno dispone de un tiempo para volver a llevar al Congreso la revalorización de las pensiones, esta vez separada, como si no hubiera sido una opción desde el principio.
El decreto ómnibus cayó con los votos en contra de PP, Vox y UPN, a los que finalmente se sumó Junts, tal y como estaba escrito en el guion. Sin embargo, Junts decidió no apretar demasiado y votó a favor del decreto de ayudas al transporte. El PP, por su parte, protagonizó otra escena interesante al abstenerse, pese a haber criticado duramente ese mismo decreto. En cualquier caso, su voto negativo no habría cambiado nada, ya que el Ejecutivo logró una cómoda mayoría de 179 diputados. Milagros parlamentarios, los justos.
Salvar las ayudas al transporte puede servir para poner una tirita al golpe, pero no tapa la herida: la derrota parlamentaria ha sido clara. El Congreso ha tumbado medidas sociales clave para el Gobierno, como la revalorización de las pensiones, la prórroga de las entregas a cuenta a las comunidades autónomas, la supresión de la obligación de declarar IRPF a los desempleados y las ayudas a los afectados por la DANA de Valencia y los incendios forestales del pasado verano. Todo muy social, pero todo fuera de procedimiento de presentar los reales decreto individualmente.
El encargado de defender los decretos fue el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, que optó por la vía del dramatismo parlamentario. Según su planteamiento, votar “no” era poco menos que un acto de crueldad deliberada contra pensionistas, personas que no pueden pagar la luz, la vivienda, o que han sufrido catástrofes naturales. En resumen, votar “no” era votar contra la humanidad. Y, por supuesto, también contra quienes les votaron para estar en el Congreso. La culpa, una vez más, siempre es del botón equivocado que pulsó otro.
Gobernar sin mayoría sigue siendo complicado, pero gobernar sin asumir responsabilidades parece bastante más sencillo. Sabe muy bien chantagear a Sumar, PNV, Bildu, Podemos y ERC para que e voten menos con Junts.
