ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

jueves, 22 de enero de 2009

MIRAR UN CUADRO: PEDRO ORTIZ OLIVAS


MIRAR UN CUADRO: PEDRO ORTIZ OLIVAS
OBRA: “PAISAJE MANCHEGO
Atraídos por la llamada atávica que los manchegos-albaceteños sienten por el Mediterráneo alicantino, nuestro protagonista de hoy en” MIRAR UN CUADRO”, vino a con su familia residir en Alicante allá por el año 71 del pasado siglo.
A la juvenil y prometedora edad de los veinte años, venia ya con el bagaje artístico de haber sido, en su Albacete natal, casi “niño prodigio” en el dibujo, reconocido asi por su Matrícula de Honor en el bachiller y por la hazaña de haber vendido un cuadro a los 15 años, en la importante cantidad de mil quinientas pesetas de las de entonces, que para mas satisfacción le pagaron en monedas de plata de a cien. Con ellas se compro un caballete, (el primero se lo hizo el con madera de embalaje), unas botas camperas y aun le sobro para darle quinientas a su madre, con el orgullo y la satisfacción de su primer éxito económico en el mundo del Arte.
Y es que, Pedro Ortiz, por genética y ambiente familiar, estaba irremisiblemente destinado a ser pintor. Con un padre Delineante Proyectista de altura (trabajaba en la Base Aérea de los Llanos), dibujante artístico, encuadernador, bibliófilo decorador e iluminador de libros joya, piro grabador y heraldista de fama nacional reconocida, y una madre esmaltista y pintora, que aun hoy a sus noventa años sigue pintando y a la que el asesora, porque como Goya en su ancianidad, aun sigue aprendiendo, Pedro no podía ser otra cosa que pintor.
Antes y por aquello de la carrera o la profesión “de provecho”, que tantas vocaciones artísticas ha frustrado, inicio delineación (siempre la influencia paterna), Magisterio y finalmente, ya en Alicante, hizo Turismo, en el doble sentido, pues al final devino en Delegado Regional de una Importante Multinacional Farmacéutica, que es la que le da de comer a él, a su mujer y a los dos hijos nacidos de su pincel al decorar a la decoradora, profesión que ella ejerció en tiempos.
Ya en Alicante se matricula en la Escuela de Artes y Oficios, en la que aguanta dos años bajo la egida del hermético Manuel Baeza, que le enseña poco o nada. Intenta su ingreso en Bellas Artes y solo acede al Círculo en Madrid, con ocasión de estar realizando el Servicio Militar (la puta mili que ahora tanto echan de menos los padres como escuela de disciplina para sus hijos). Y lo hace, como tantos otros pintores sin escuela han hecho o dicen haber hecho en sus curriculum, para practicar el dibujo del natural.
Al regresar a Alicante, además de buscarse el “vitae” del curriculum, se dedica a pintar por su cuenta por aquello de que “buey suelto bien se lame”. Pero de nuevo la influencia artística familiar se hace presente con las enseñanzas de su tío materno José Olivas, pintor del que Pedro conserva un magnifico autorretrato pleno de rico empaste y color, con el que estuvo unos meses, pero que fueron de gran influencia para su pintura, como reconoce Pedro y es fácil detectar en su obra actual.
Pedro ha realizado hasta el momento, una docenas de individuales en tierras alicantinas, con una salida quijotesca a una, al parecer, prestigiosa Galería de Arte madrileña, que él nos tendrá que decir si acabo con la misma ventura que la primera de su paisano el manchego Don Quijote, que asi suelen acabar estas aventuras que emprenden algunos pintores que intentan promocionarse y acaban estafados por galeristas sin escrúpulos. No se ha prodigado mucho en colectivas, pero en concurso y certámenes a los que se ha presentado, ha cosechado numerosas selecciones, accésit y algún premio que otro. Sin embargo Pedro, ha vendido bien su obra, que se encuentra representada en importantes colecciones particulares y en organismos oficiales.
Cuando a principios del pasado mes llegue a su mansión a la orilla del mar en Cabo Huertas, tengo que decir que solo conocía a Pedro de un par de conversaciones y de sus siempre acertadas opiniones en el coloquio de este Taller de MIRAR UN CUADRO, al que suele asistir después de su regreso al hogar de la Asociación. Porque Pedro es un antiguo asociado que se dio de baja en el 2003 por discrepancias en la marcha de la Asociación y con el “hombre fuerte” de la anterior Directiva, y que volvió hace poco menos de un año al ver que las cosas habían cambiado y que la Asociación funcionaba ahora como él había pretendido sin éxito. Aquí lo recibimos con la misma alegría del padre del “hijo prodigo” de la Parábola Evangélica. Y aunque para festejarlo no hemos matado ningún cordero porque aquí, como veis, no tenemos granja, quise que pasara por este Taller para festejar su vuelta y para ver lo que pintaba quien al parecer era un experto.
Y la verdad es, que después de dos horas en su coqueto y luminoso estudio, en las que me mostro treinta o cuarenta cuadros de medio y gran tamaño, tengo que decir que aunque su pintura no concuerda con la técnica y la estética de la mía, constate que estaba asistiendo al descubrimiento para mi, de un pintor de los que en el panorama de la pintura alicantina, no caben muchos en un kilo, dicho sea en ladino como habla Carlos con su vecino.
Pedro utiliza para la realización de sus cuadros diversas técnicas y medios. Entre estos el oleo, el acrílico, los collage, mixta, la arena y ciertas resinas para las texturas. Se sirve más de la espátula que del pincel. Ha tocado la acuarela y el pastel y me mostro esmaltes y pirograbados de muy buena calidad.
Su temática no es muy rica ni variada, porque sus preocupaciones están más en las texturas y en la simbología del color. Paisajes áridos apenas insinuados por amplias y ricas manchas de color cercanas al manchismo italiano del siglo XIX, con algún detalle expresionista en la forma. Abstracciones puras y duras en las que simbólicamente el rojo y el negro son el “yin” y “yang” Taoísta, luchando entre si en el túnel tenebroso de la noche y de la sangre para alcanzar la luz del “tao” que apenas se vislumbra a su final. Y mucho expresionismo abstracto desgarrado y rebosante hasta salirse del cuadro, donde el color y la materia son los protagonistas, pues las formas solo aparecen en la mente constructiva del espectador, que busca ordenar el caos de líneas, manchas y colores con las que el pintor intenta y logra, un gran impacto visual.
Pero también hay en su obra, alguna concesión al pos-impresionismo, con ramalazos vangonianos pasados por el paisaje estructurado y colorista de los valencianos Genaro La Huerta y Francisco Lozano, una muestra de cual le pedí que trajera a “MIRAR UN CUADRO”, por estimar de mutuo acuerdo que era más “digerible” para este Taller.
Todos eso y mucho más que quedo grabado en mi memoria grafica, es lo que vi una luminosa mañana de primeros de Diciembre junto al Mediterráneo, en la que un pintor que seguramente ya era conocido para otros, nacía para mí saliendo de las azules y tranquilas aguas de un rincón del alicantino Cabo Huertas. Un pintor de amplios recursos técnicos. Original en empleo de la mancha y el color, hasta donde es posible ser original pues todos venimos de alguien. Que apoyado por una gran sensibilidad estética y una vasta cultura pictórica, logra magníficos aciertos en sus cuadros, en los que las texturas y los fuertes contraste de color, son el argumento principal de los mismos, sin que necesiten nada más para ser autenticas obras de Arte.
De su personalidad humana, tengo que decir que de su rico lenguaje hablado, se deduce una mente muy bien amueblada culturalmente y la facilidad retorica del experto visitador médico. Pero voy a ser cauto para catalogarlo en lo sicológico –como suelo hacer con todo aquel que pasa por este Taller- pues Pedro se encuentra ahora, en una situación moral un tanto anómala, que podría despistarme, pero si quiero decir porque eso es evidente en su casa y en su estudio, que es un ordenancista estético, con la sensibilidad nerviosa consubstancial al artista de raza, que, salvando sean las distancias pues a mí también me pasa, nos hace temblar con el más ligero de los estímulos, como a los pura sangre equinos. Que es educado y correcto en el trato y en fin, una persona con la que es grato relacionarse para escuchar y ser escuchado, y que yo os pido a los veteranos y nuevos en esta casa, que le tengáis en cuenta como artista y como persona, porque merece la pena.
Gracias por vuestra atención y oigamos a nuestro colega y amigo Pedro Ortiz Olivas.
Carlos Bermejo, Secretario de la Asociación de Artistas Alicantinos

Alicante, 21 de Enero de 2009