El Puente Rojo de Alicante es una estructura emblemática de la ciudad y forma parte de su identidad urbana, por lo que muchos vecinos consideran que no debe ser retirada. Ademas de funcional para la circulación es muy bonito. Su construcción respondió a una necesidad urbanística concreta: conectar barrios que durante años estuvieron separados por las vías del tren, permitiendo mejorar la movilidad entre distintas zonas de la ciudad.
En paralelo a este debate, existe otro proyecto urbanístico de gran relevancia: la creación del Parque Central, una iniciativa que durante años ha estado marcada por las negociaciones entre el Ayuntamiento de Alicante y la empresa ferroviaria Adif, responsable de las infraestructuras del tren. Este proyecto busca transformar los terrenos ferroviarios en un gran espacio verde para la ciudad.
Mientras tanto, el alcalde Luis Barcala ha anunciado también el desarrollo del Parque de Rabasa, otra iniciativa que pretende ampliar las zonas verdes y mejorar la calidad urbana en diferentes áreas de Alicante. Pero primero ha de hacer el Parque Central.
En el entorno del Puente Rojo, los vecinos plantean además actuaciones de mejora urbana. Entre las propuestas más repetidas están la renovación del espacio con un jardín y la construcción de una rotonda, medidas que contribuirían a ordenar el tráfico y embellecer una zona que actualmente se percibe degradada.
Así, el Puente Rojo continúa siendo un símbolo de la transformación urbana de Alicante, situado entre el tráfico de la Gran Vía de Alicante y la vida cotidiana de barrios cercanos como Benalúa. Tras más de tres décadas de historia, sigue siendo testigo de los cambios de la ciudad y del debate sobre su futuro.