ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

miércoles, 26 de junio de 2019

El graffiti es un arte que puede caer en vandalismo

Mucho se habla de esos locos del spray o graffiteros

La perdurabilidad de un graffiti depende de la fama de su autor. Se conservan algunos graffitis que se hicieron en época romana como obras arqueológicas

Ramón Palmeral

Leo en la  prensa que, estos días, la policía ha detenido a un graffitero en Elche por causar daños a la propiedad municipal por valor de 1.500 €, y de aquí me brota del coco un artículo que estaba amasando hacía tiempo, pero le faltaba la levadura madre, que nunca he sabido en realidad en qué se diferencia la lavadura madre de la  normal, que se le añade a la masa del pan y  los bizcochos.  Las pintadas en lugares públicos no es arte urbano sino vandalismo.
Se piensa, se cree de «vox populis» o voz del pueblo, que un tío con una bolsa de spray de colores o esos locos del graffiti es una de las arte, que según el Diccionario Panhispánico de Dudas de 2005, dice que arte es: «Actividad humana que tiene como fin la creación de obras culturales, o conjunto de habilidades, técnicas o principios necesarios para realizar una determinada actividad». Los de «determinada actividad» me deja en un mar de más dudas.  Se me queda corto para encajar al graffitis, sin embargo, en el arte moderno entran demasiadas birrias (que no birras), o en el séptimo arte, que hay cada película que no merece caer en el contenedor de basuras sino ir derecho al olvido digital eterno, de lo malas que son, pero aquí entra el graffiti, que no importa que sean buenos, malos o gamberradas, sino que entra dentro de una actividad donde se usan instrumentos, equiparable al arte rupestres, donde a través de las escenas  invocaban la fortuna de la caza, o sobre la fertilidad de las hembras, bien humanas  o animales, como símbolo de procreación necesaria en una vida tan dura de supervivencia.
Es un término que proviene del italiano graffiti, plural de graffito, que significa «marca o inscripción hecha rascando o rayando un muro» y del mismo modo arqueólogos y epigrafistas llaman a las inscripciones espontáneas o de protesta que han quedado en las paredes y monumentos desde tiempos del Imperio Romano. Se han descubierto graffitos en Pompeya que sirvieron para datar la fecha de la erupción  del Vesubio. Pero podríamos remontarnos a tiempos egipcios, mesopotámicos o arte rupestre. También se puede
 llamar pintada o grafiti, sin la dos ff como: «Inscripción, pintura o dibujo anónimo de contenido crítico, humorístico o grosero, grabada o escrita en paredes o muros de lugares públicos».
Pero como todo en arte depende de… de quien lo hiciera, a nadie, se le ocurriría borrar un graffiti de Picasso en una calle de París, ni actualmente, a nadie se le ocurriría borrar uno de Banksy  seudónimo de  un famoso artista urbano británico, anónimo, desconocen otros detalles de su biografía.
En el graffiti distingo entre la simple firma (que no arte) y la denuncia o la decoración de un lugar como los murales del barrio de San Isidro de Orihuela, dedicados a Miguel Hernández (obras de arte). Lo que sucede en el arte del graffito es que, cuando el soporte no es propiedad del artista grafitero se convierte es un delito de daños a terceros y se considera vandalismo, y además el propietario del inmueble no lo ha pedido y para borrarlo necesita algo más que jabón y estropajo con un montón de bacterias (los estropajos son nidos de bacterias según las noticias televisadas). A veces, los ayuntamientos autorizan pintadas en algunos muros públicos como una forma de decorar un lugar que antes era un solar, y se llaman murales. El solar pasa a ser arte.
 A finales de los sesenta los adolescentes en la ciudad de Nueva York empezaron a escribir sus nombres en las paredes de sus barrios, aunque en realidad utilizaban pseudónimos, creándose así una identidad propia en la calle. Estos chicos escribían para sus amigos o incluso para sus enemigos. Quizás el ejemplo más significativo y a la vez el más conocido por todos sea el de Taki 183 y también les dio por pintar los metros con fines artísticos y vandálicos por la adrenalina que produce un acto ilegal o un sabotaje. El movimiento europeo iniciado a mediados de los ochenta nos trae en principio al graffiti dentro del paquete Hip-Hop, es decir, llega junto a otros dos elementos de este movimiento, en principio el break-dance y más tarde el rap, aunque con el tiempo éste tendrá su evolución propia dentro de esta cultura. Los grafitero son sociedades, entre ellos se conocen.
El problema es que el soporte donde se pinta no es propiedad del graffitero y se convierte en una gamberrada y cuando esto sucede el graffiti se denigra y pierde valor artístico. Lo que los graffitero están haciendo, es poner su firma en monumentos y grabarlos en video para la redes sociales y decir «mira dónde he puesto mi firma», que es lo mismo que mira la gamberrada delictiva que he cometido, como ese graffitero de Elche que ha causado daños por 1.500 euros, porque no es Picasso. Yo vi fimas y fechas en la cueva de Montesinos de 1853, a nadie se le ocurre borrarlas.
Existen famosos graffitero en los EE.UU, Inglaterra y Francia, que venden su graffitis en soportes de lienzos, cartones o chapas, pero el soporte es propiedad de su autor, y los llegan a vender en galerías o subastas de arte, y pagan los coleccionistas  verdaderas fortunas (hay gente pa to), por el fetichismo de tener una firma, que en arte es lo que más se valora, no importa que el graffitero cometiera un delito, por ejemplo pintando los vagones del metro, pero luego ese mismo grafitero vende una obra legal. Lo de pintar los vagones empezó  en los años sesenta hasta el setenta, luego pasó a Europa. En algunos casos de locos por el graffiti pagan para que un graffitero le pinte la persiana metálica de su negocio, de una firma conocida, sí, sí,  hasta aquí hemos llegado. Y entre los graffiteros se respetan, en no tocar, esas persianas pintadas  por un profesional del graffiti.
Sin duda alguna el  graffiti es arte, lo que sucede es que se convierte en vandalismo delictiva cuando el soporte no es propiedad del artista, sino un lugar público o es una simple firma en el muro de un edificio, reconocible, solo entre ellos. La diferencia parece radicar entre la pintada legal y la ilegal, pero el arte no distingue entre estos dos conceptos.