ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

martes, 2 de julio de 2019

Pintor Francisco Hernández Díaz. pintor de Vélez-Málaga

Francisco Hernández Díaz (Melilla, 1932 – Vélez-Málaga, 2012) en el Museo de Málaga


 

Maternidad [1985], Depósito Real Academia de Bellas Artes de San Telmo en Museo de Málaga

 

 

En sencillo homenaje a la persona y pintor, uno de los más elevados representantes de lo que yo llamaría con justicia la escuela de pintura veleña o axárquica del siglo XX, ofrezco la presente semblanza de Francisco Hernández Díaz sobre los cimientos de una relación que vincula su recuerdo con mi plaza de técnico superior en el Museo de Málaga desde los umbrales del presente siglo. No quiero con mis palabras excusar un guión museológico en la sección de Arte, del que no renuncio a ninguna de las innumerables horas durante años que he estado realizando la investigación sobre sus fondos para una posterior ordenación expositiva coherente y comunicable, en una importante labor de síntesis desde los oscuros siglos medievales hasta las últimas tendencias actuales cuajado de lagunas de colección, que un museo de los antiguos provinciales no debe sacralizar en sus salas sin peligro de asumir labores valorativas sobre tendencias actuales que correspondería, por razones técnicas que no voy a desarrollar aquí, a un Centro de Arte Contemporáneo. Con ello no quiero decir más allá de lo que expreso, las actuales salas de la segunda mitad del siglo XX no pueden entenderse más que como una propuesta de presentación actual sobre las colecciones del Museo de Málaga, que se aquilatará en sus más representativos nombres con el largo transcurso de los tiempos.
No es mi intención, con estas precedentes palabras, que se me entienda como excusa de una praxis profesional de la que no tengo por qué dar explicaciones, ni justificarme si el ejercicio se realiza bajo estrictos parámetros científicos, técnicos y deontológicos, como siempre he pretendido. El sentido de estas palabras es narrar una historia personal que crea un compromiso con la escuela veleña de pintura y con algunos de sus representantes, muchos fallecidos y algunos vivos. Así como dar a conocer los fondos que hasta el momento se poseen del pintor, la procedencia de los mismos y las deducibles relaciones históricas establecidas entre Francisco Hernández y el antiguo Museo de Bellas Artes de Málaga, antes de su reunión en el Museo de Málaga en la década de los setenta.
Francisco Hernández Díaz, quien llegó a la localidad veleña con unos cinco años de edad desde Melilla, se enraizó de tal modo con la tierra que prácticamente hoy no podríamos entender a Paco sin su vinculación con los paisajes, paisanaje y más profundas costumbres y usos cotidianos de la vida en la capital de la Axarquía malagueña, se le considera autodidacta a pesar de dar sus primeros pasos artísticos de la mano de José Muñoz Anglada, bajo cuya atenta mirada se produjo la alquimia de la creación plástica, más mágica en los dibujos que realizaba el joven pintor de muchos de los rostros que le rodeaban que en el duro modelado del óleo en el dominio de los paisajes veleños. En el segundo lustro de los años cuarenta, Francisco Hernández logró ocupar un hueco entre los artistas provinciales con los galardones obtenidos en el entonces entramado artístico que el Frente de Juventudes y la Obra Sindical de Educación y Descanso habían establecido para la promoción de jóvenes artistas, lo que permitió al pintor tomar conciencia de una profesión que le acompañó a principios de los cincuenta, cuando se trasladó a Madrid para cumplir con su obligación de servicio militar, y donde se presentó a la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1953 y, junto al ya consagrado García Rizo, exponer en la Galería Turner de la capital. De regreso a Málaga, junto a nuevos galardones, realizó su primera gran exposición individual en la Sociedad Económica de Amigos del País, animando a la Diputación Provincial a pensionar a Hernández para continuar estudios en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1956. Mal se comparecen los rígidos cánones impuestos desde la academia madrileña con el espíritu libre de un pintor en continua formación personal, que con absoluta libertad recorría los rincones de su Vélez-Málaga para captar la esencia de lo esencial y, por hoy un incomprensible suspenso en Dibujo, Paco Hernández decidió al año siguiente abandonar la vetusta institución y buscar su escuela al aire más libre de distintas capitales europeas. Su periplo en busca de una Ítaca que siempre estuvo en Vélez lo llevó por distintos países europeos, hasta asentarse definitivamente en Ginebra a principio de los sesenta, con la formación de una extensa producción con la que pudo reiniciar sus exposiciones nacionales en la madrileña Galería Alfil y una nueva presentación en la malagueña Sociedad Económica de Amigos del País, donde se descubre un nuevo artista que ha soltado definitivamente su mano y consolidado una poética y narrativa plásticas personal y con proyección de futuro. Destacar que en estos años, Hernández compartió cartel con Alberka (sic), Chicano y Brinkmann, en los inicios de unas jóvenes carreras profesionales que transitarán caminos tan distintos. Tras una breve estancia catalana en casa de unos familiares, donde deslumbra en los círculos artísticos barceloneses, Francisco Hernández decidió cambiar su residencia a Madrid donde el ambiente cultural y el mercado artístico respondían mejor a sus aspiraciones profesionales, aunque por los testimonios reunidos durante aquellos años siempre tuvo una profunda nostalgia por la vida tranquila y sencilla de su Veléz-Málaga.
No obstante, son los años a los que no pudo ni debió renunciar por una sólida fama nacional con la diversificación de su arte en proyectos artísticos que van creando una justa valoración del pintor en otros terrenos, como el muralismo o los trabajos enfrentados para los montajes del Teatro Español. Su fortuna cruzó nuestras fronteras con su exitosa participación en bienales internacionales como la VII de Sao Paulo y XXXII de Venecia, lo que le valió el reconocimiento de una institución tan prestigiosa como la madrileña Fundación Juan March, que en 1966 le otorgó el premio a las Bellas Artes. Los años setenta son de intensa actividad expositiva nacional e internacional, lo que determina que durante la inauguración del Museo Nacional de Arte Español en 1972 se le dedicase amplio espacio en la institución, hoy no incorporado a los fondos del heredero Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, silente a pesar de sus fondos en pintura malagueña. De regreso en Vélez-Málaga, continúa la proyección profesional de un pintor que se sintió reconciliado con su ánimo de veleño errante y establece intensa relación con proyectos artísticos en toda la Axarquía, siendo un líder para una nutrida nómina de artistas que gravitan en torno a su capital: Antonio Jiménez, Joaquín Lobato, Jurado Lorca, Evaristo Guerra o José Bonilla, por mencionar algunos de los más representativos y consagrados, y donde en 1979 el municipio veleño le dedica una calle a uno de sus más ilustres vecinos. Tras su fallecimiento el 5 de abril de 2012, la figura de Francisco Hernández no cabe duda que es un referente plástico a promocionar, sin poseer la bola de cristal que nos ofrezca la valoración futura que el autor tendrá y su presencia en la historiografía artística nacional y en la representación museológica del más mediado y remoto futuro. 

Retrato de Señora [2008]. Donación a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo


Los años setenta y ochenta de residencia malagueña presenta un hito importante en la exposición en homenaje a Francisco Hernández que le dedica el Ayuntamiento de Vélez-Málaga en la Sala de Exposiciones de la Plaza del Carmen en 1973, preludio de los numerosas distinciones y cariñosos homenajes que el consistorio le dedicó en vida y ahora, tras su óbito. Desde 1977 hasta la década de los ochenta, Francisco Hernández es un habitual en las galerías artísticas en torno a la Fuente de Reding malagueña: Sala de Exposiciones Malacke, Miramar Arte y Galería Harras, destacando entre ellas la emotiva muestra que la segunda realiza en 1981 en homenaje a Pablo García Rizo. La inauguración de la galería Porticus de Antonio María Marín, establecida desde 1989 en la calle Compañía de la capital, contó con Francisco Hernández como seguro valor plástico para su entrada en la actividad artística local, con gran éxito de público y crítica por la reunión de un completo conjunto de obras en la más clásica poética de la mediterraneidad, exposición que se enmarcó en el nombramiento del pintor como hijo predilecto de Vélez-Málaga el 14 de julio de ese mismo año. la Sala de Exposiciones de La Coracha, anexa al Museo Municipal del Patrimonio Histórico (MUPAM), en 2007 cerró su revisión sobre pintores malagueños de la generación del cincuenta con una completa antológica de la obra de Hernández bajo comisariado y hábil selección de obras de Enrique Castaños Alés, que tuvo como pieza central el Tríptico de Venecia, una magnífica muestra que repasó la trayectoria vital del pintor veleño. No podemos considerar ésta como definitiva, pues en una de sus últimas convocatorias en 2010, en la Sala de Exposiciones del Rectorado malagueño, Francisco Hernández sorprendió con su serie Aurora, un conjunto de óleos realizados entre los años 2007 y 2009 cuyo estilo definió como de serpentina, en que las figuras se construyen a partir de unas gruesas líneas multicolor que marcaban con rotundidad los contornos, en unos casos, y en otras alcanzaban su entera construcción. En este sentido, el Museo de Málaga atesora una importante colección de documentación expositiva especialmente local y, en menor medida, nacional e internacional en un corpus que se extiende desde 1913 a 2017, de la que he realizado una clasificación por años que espero que algún día pueda ponerse a disposición de la investigación histórico-artística entre los fondos bibliográficos y documentales del Museo. Su estudio nos ofrece una evidencia incuestionable documentalmente, mientras que existe una participación en la vida expositiva de la institución de la pintura y el grabado de la escuela veleña, que deja huella en sus fondos museísticos, no existió una relación con la obra y figura de Francisco Hernández, de la que les confieso desconozco sus razones al ser responsabilidad de los distintos técnicos en la extensa vida de una institución. 
La relación con los fondos del museo se centra en torno a su ingreso como académico de número por la Sección de Pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, el 24 de agosto de 1982. Sin entrar en valoraciones sobre la política de incremento de colecciones de la corporación, que daría para muchas páginas que exceden la ya larga entrada de este blog, sí quiero hacer notar que desde que los artistas plásticos pueden donar una obra en sustitución o complemento al discurso de ingreso en la corporación, los ingresados no han mostrado especial interés en la calidad representativa de las mismas en un fondo que se deposita en el Museo de Málaga y, por tanto, susceptible de formar parte de su vida expositiva. Los formatos, géneros y tendencias estilísticas de las obras donadas no responden a lo más destacado cualitativamente en la producción de estos artistas. Es decir, a mi juicio casi se convierte en un trámite a cumplimentar con escasas y honrosas excepciones. Esta seguro que inflamable afirmación no tiene más fin que, al artista que se acerque a este texto, proponerle una reflexión a la hora de seleccionar la obra que ofrece como ingreso en su nombramiento como académico de la corporación malagueña en beneficio de la calidad de la colección de la corporación, de la representación del artista y del museo depositario concernidos.
Esta afirmación tan taxativa responde a la propuesta que la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo realizó a finales del año 2011, en que expuso en la malagueña Sala de Exposiciones de Cajamar la muestra: Artistas plásticos de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de la que fui comisario científico y redactor de textos biográficos del catálogo editado por Pepe Bornoy. Al reunir en una misma mirada las obras entregadas por los académicos de número representados, del que se exceptuó la obra de Mariano Benlliure en calidad de académico de honor desde los años cuarenta, que se iniciaba con las obras de Bono y García Rizo hasta las últimas incorporaciones de Cabra de Luna, Peinado, Lindell y Brinkmann, algunos de los académicos no reconocieron sus obras de ingreso como representativas de su plástica y cambiaron las obras en exposición. Este fue el caso de Vivar Aguirre, Pimentel y Suso de Marcos, quien además la donó al Museo de Málaga. Paco Hernández, ya bastante enfermo, fue invitado a la inauguración en una de las últimas presencias públicas del pintor quien, quizá por estas circunstancias, se sintió satisfecho por la obra donada en la década de los ochenta en su acto de ingreso, que finalmente fue la exhibida. No obstante, antes de su fallecimiento se realizó el 9 de enero de 2012 el ofrecimiento familiar de donar cinco obras de Francisco Hernández al Museo de Málaga, cuatro óleos sobre lienzo de gran formato, muchos de ellos de su serie Aurora, pintados entre los años 2005 al 2008:  Crucificado (Ó/l, 185 x 140 cm), Danza (Ó/l, 200 x 200 cm), Movida I (Ó/l, 200 x 200 cm) y Pelotón (Ó/l, 200 x 200 cm); y un dibujo de 2006 dedicado a Francisco Ramírez Nadales (G/p, 109 x 073 cm). Durante la gestión fallida de esta donación se produjo el fallecimiento del pintor, lo que me facilitó la oportunidad de dar el pésame a la familia por tan irremplazable pérdida, última comunicación sobre la donación que se iniciaba a tramitar. 
 

Crucificado [2005]. Propuesta de donación en 2012


Así, los fondos del Museo de Málaga alcanzan la definitiva organización del programa museográfico para su ejecución en torno a 2014 con una única obra en sus fondos, la donada a la academia en los años ochenta por su ingreso: Maternidad de 1985 (Ó/l, 48 x 28 cm). Aún más incomprensible es la ausencia de obra sobre papel, una de las facetas a mi juicio más imprescindibles de contemplar entre la producción de Francisco Hernández, mostrando una laguna evidente entre las piezas excepcionales de Picasso, Rosales, Denis, Casas, Martínez de la Vega, Peinado, Colectivo Parejo School o Alvarado. Esta colección de obra sobre papel incluye además el importante monto de grabados con especial representación veleña, que irán saliendo periódicamente en la sala diecisiete del museo, planteada como de exposición flexible por las propias condicionantes de conservación preventiva de los soportes en exposición. En este sentido, deseo realizar un último apunte a esta historia de las obras de Francisco Hernández en el Museo de Málaga. En el año 2013 un gran amigo del pintor y nuevo académico de San Telmo, D. Francisco Carrillo Montesinos, realizó la donación de la obra Retrato de señora de 2008 (Ó/l, 100 x 081 cm) como tributo al añorado amigo y muestra de implicación con la corporación que lo recibía. En este sentido, dejo a valoración de los lectores si alguna de las dos obras hasta el momento existentes en los fondos del museo ofrecería justo homenaje a la figura y obra de Francisco Hernández entre la producción más destacada de estos años posteriores a los ochenta, tras el espacio dedicado a Colectivo Palmo, entre las adquisiciones a Brinkmann, Ruano, Béjar, Díaz-Oliva, Joaquín de Molina y Carlos Durán y los más testimoniales de Padilla y Santos. Debido a que por fecha y calidad de la obra no tengan referencia en la permanente, no obstante, los pintores con vinculación con el museo a través de las colecciones académicas han sido expuestos en el Almacén Visitable de planta baja, priorizándolos sobre otros fondos de la colección estable o de la Colección Museística de Andalucía en reserva. 

Movida I [2007]. Propuesta de donación al Museo de Málaga en 2012


Consciente de la laguna que muchos grandes creadores provinciales de Málaga puedan apreciar en un guión museológico por su naturaleza necesariamente selectivo, sin aviesas intenciones de los museólogos o cuerpo técnico que lo articula, cada uno de sus receptores destinatarios colocará la tilde donde mejor considere, en algunos casos buscando culpables donde no creo honestamente que existan culpas. En este sentido, deseo incorporar una última apreciación en torno a lo personalmente vivido en torno al Centro de Arte Contemporáneo de Vélez-Málaga, en un relato que me afecta más de lo hasta el momento expuesto, pero con relación tangencial con la figura de Francisco Hernández. 

Pelotón [2008]. Propuesta de donación al Museo de Málaga en 2012


Danza [2008[. Propuesta de donación al Museo de Málaga en 2012

Como vocal de la Comisión Andaluza de Museos me correspondió la ponencia de la institución de la ciudad de Vélez-Málaga en torno al mismo año 2011, que ya había pasado varias comisiones anteriores con otros ponentes hasta llegar finalmente a mi mano. Como antecedente les relataré que su inmueble había sido desafectado en su destino administrativo por decisión de pleno municipal en 2006 por otro de tipo cultural, que en nuevo pleno del año 2008 se perfiló ya como CACVM y para el que se firmó un convenio con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para la financiación conjunta de la rehabilitación de la sede y su adecuación museográfica. El Ayuntamiento financió un Proyecto Museológico con personal con sólida formación en esta disciplina, por lo que resultaba gratificante la lectura del documento de trabajo y fue cordial y profesional la confrontación de ideas con sus redactores, a lo que se sumaba la propia implicación de la Consejería y Delegación Provincial competente en esta materia en la buena marcha de las negociaciones del proyecto y su final apertura. Dos fueron las alegaciones que presenté en el proyecto, que desgrané por extenso a la entonces concejala de cultura municipal, en reunión en su despacho, y al personal técnico de Gerencia Municipal de Urbanismo que me acompañó en la visita técnica, para la rectificación en proyecto de dos puntos fundamentales: uno de tipo conceptual sobre la propia identidad del Centro de Arte Contemporáneo, que pasaré a explicar más pormenorizadamente; y otra de tipo más administrativo, contenida en el Reglamento de Funcionamiento en torno a la composición y fines de sus órganos de dirección y asesoramiento.
Definiendo la identidad de la institución, la colección fundacional se centraba en un conjunto de obras propiedad del consistorio o depositadas por sus autores que formaron parte de la exposición celebrada en el año 2004 en el madrileño Museo de América en torno al centenario de la veleña María Zambrano, con comisariado de Iván Blanco. El guión organizaba expositivamente este heterogéneo grupo, con muy distintas piezas producidas entre los años 1994 y 2004 en torno a María Zambrano, en un discurso que encarnaba en las obras exhibidas por unidades su pensamiento filosófico, extractado por salas de entre sus pensamientos sobre Arte en general y pintura, en particular. El relato museológico no planteaba más criterio de integración de los fondos que su vinculación entre el pensamiento del personaje que le servía de hilo conductor y los movimientos artistiscos de la postvanguardia, por emplear los juncos con los que se debía confeccionar el cesto, sin apreciación de aspectos cuantitativos o de relación con la escuela artística veleña. Así, numerosas políticas futuras del Centro de Arte Contemporáneo (ingresos, exposiciones, difusión, etc.) quedaban hipotecadas en torno al pensamiento de María Zambrano, lo que comprometía la propia vida de la institución artística, duplicando o haciéndola coincidente con los objetivos y fines de la Fundación María Zambrano, ya en el Palacio de Beniel. Mi caballo de batalla estuvo fundamentado en la profunda convicción de que la capital de la Axarquía podía reclamar con justicia un Centro de Arte Contemporáneo de excepcional potencialidad si se cimentaba en su escuela contemporánea de Arte, con una nutrida nómina cuantitativa y cualitativa de pintores, escultores y grabadores, no sólo con capacidad de poner en valor las personalidades y obras de los que ya son, sino un centro dinamizador de las vocaciones de los que serán. 
 

Concierto Campestre [2009]. Propuesta de donación al Museo de Málaga en 2012

Desde un punto de vista organizativo, el Centro ofrecía una tremenda miopía a la hora de definir reglamentariamente la constitución de sus Junta Directiva y Órgano Asesor, ambas integradas por los mismos representantes de los partidos políticos del pleno municipal. La objeción era de una evidente contundencia, la directiva siempre tendría en su mano la toma de decisiones y su ejecución con los miembros políticos representantes de la pluralidad de su pleno, pero el asesoramiento planteado por sus miembros en aspectos museológicos, artísticos o culturales no podrían ser resueltos por los mismos integrantes. Aquéllos que planteaban las consultas de la Junta por la mañana, no podrían contestarse en Órgano Asesor por la tarde. Así, puse mucho énfasis en que la existencia de un importante movimiento cultural local con representación en la Universidad malagueña, la Academia de San Telmo, la Sociedad de Amigos de la Cultura (SAC) veleña, los integrantes de la Fundación María Zambrano, los importantes cronistas locales, galeristas axárquicos, etc., no haría difícil orquestar un Órgano Asesor de alta calidad intelectual y científica en la localidad. Lo que aceptó la corporación socialista anterior durante la gestión de la presentación en Comisión del proyecto, luego fue puesto en duda por la siguiente corporación, quien solicitó una reunión en la Delegación Provincial para que se explicasen dichos extremos, integrando la reunión en el despacho del entonces Delegado: los técnicos en museos de la Consejería de Cultura, personalmente en calidad de vocal de la Comisión Andaluza de Museos; los representantes de la corporación municipal; y un miembro redactor del proyecto. En esta reunión se volvieron a plantear las dos principales objeciones al proyecto, sin que disminuyese un ápice mis apreciaciones sobre lo que siempre entendí su mejora asumiendo estos enfoques.
En torno a estos acontecimientos, me llegaron algunos comentarios jocosos sobre un técnico que había en Málaga que era una leona (sic), en este caso sí con aviesas intenciones, pero que definió perfectamente mi implicación con los proyectos culturales y museológicos en los que participe y mi defensa de lo que creo beneficioso para la excelencia de los mismos. Resultado de esta fútil anécdota fue que la SAC de Vélez-Málaga, donde se integran algunos magníficos profesionales en muy distintas disciplinas, entre las que se cuentan museólogos y museógrafos acreditados que puede integrar y emplear el consistorio en sus numerosas propuestas y proyectos culturales con gran aprovechamiento, me invitó amablemente a participar en sus XII Jornadas de “Foros de Opinión” celebrado entre los días 6 y 7 de julio de 2013, en esa ocasión dedicada a los Museos, donde expuse mi visión sobre el Proyecto Museográfico del CACVM en la línea de la tradición de los Museos de Arte Moderno, transformados en Centros de Arte Contemporáneo para el siglo XX y primer cuarto del XXI, reseña contenida en este blog —entradas Conferencias y Jornadas.
Tras esta larga digresión, el Ayuntamiento de Vélez-Málaga incorporó en su Comité Asesor al pintor natural de la localidad Evaristo Guerra, Antonio Garrido Moraga, Francisco Ruiz Noguera, María Luz Reguero Gil-Montañez y Juan Ignacio Montáñez, quienes han participado activamente en la redefinición del proyecto. En esta línea, la primera exposición temporal de 2013 se dedicó a: Francisco Hernández, pintor total, lo que determinó un nuevo y merecido homenaje al pintor con la nueva denominación: CAC de Vélez Málaga “Francisco Hernández”. Dejo aquí el relato, para que el lector obtenga sus propias conclusiones. 
 

Retrato de Francisco Ramírez Nadales [2006]. Propuesta donación al Museo de Málaga en 2012

Como punto y final a cualquier nuevo debate suscitado sobre el guión museológico del Museo de Málaga, en los que no se imaginan cómo me cuesta no entrar, quisiese dejar apuntado que la misma existencia de este blog es la recuperación de todos aquellos bienes culturales que constituyen los fondos del Museo de Málaga, intentando dar visibilidad a las obras y autores que han formado parte de la historia museológica de la institución, no sólo aquellos silenciados en su pública exhibición permanente, sino olvidados de voces que los reclamen: Garcés, Bono, Cañete, Capulino, García Rizo, Ramos Rosas, Mingorance Navas, Molledo, Mingorance Acien, Mª Pepa Estrada, Ruiz Blasco, Sánchez Vázquez, Baena, Virgilio Galán, etc. por no mencionar más que a los ya fallecidos, algunos con sus mismos derechos y sin defensores ni proyectos locales que les rinda homenaje, y tan injustamente tratados algunos por supuestas vinculaciones políticas o por empeñarse en experiencias plásticas hoy desautorizadas o maltratadas en el ideario colectivo. A todos ellos dedica el técnico de este Museo el mismo empeño y mimo que a Moreno Carbonero, Ferrándiz, Muñoz Degrain, Nogales, Simonet, Sáenz o Moreno Villa, de tan extensa presencia en su permanente.
Esta larga entrada, no obstante, pretende poner el acento en el homenaje a la personalidad y obra de Francisco Hernández Díaz. Espero haberlo cumplido y, si no es así, les prometo seguir trabajando en esta mi personal vocación, asumiendo y mejorando con todas las apreciaciones del público que se acerca a nuestras instalaciones en la Aduana.

Bibliografía:
CASTAÑO ALÉS, Enrique, Pintura Contemporánea en la colección de la Diputación Provincial de Málaga [Catálogo Exposición itinerante por la provincia de Málaga, 1992], Málaga, Diputación Provincial, 1992.
PEÑA HINOJOSA, Baltasar, 20 pintores malagueños de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, (Col. Artistas Plásticos 19), Granada, 1987, pp. 44-45.
SEGOVIA LOBILLO, Antonio, Historia del Arte en Vélez-Málaga, Málaga, Ayuntamiento de Vélez-Málaga, 1987, pp. 107-113.
VV.AA., Artistas plásticos de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo [catálogo exposición Cajamar, Málaga, 1 al 30 de diciembre de 2011], Málaga, Cajamar / Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, 2011, pp. 46-47.