ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Benjamín Palencia, de la Escuela de Vallecas




Notas de Ricardo Gullón sobre Benjamín Palencia


Benjamín Palencia: «Paisaje»

Los cuadros de Palencia están compuestos con una tensión apasionada, repletos de contenido emocional. Nada más distinto del paisaje al uso que los creados por su pincel. Son versiones inspiradas de una realidad interior que refleja el mundo inmediato en su quintaesencia, sin menoscabar su belleza, antes realzándola por la exaltación de elementos imaginativos que al recrearla no destruyen, pues parten de intuiciones parcialmente alimentadas por la realidad misma. Palencia desdeña lo convencional, tanto en la realización como en la visión previa. Para él una mata de flores, un monte, un cielo anubarrado, son simples soportes sobre los cuales alzar una construcción ideal basada en el color. Es decir, los elementos utilizados sirven, como quería Kandinsky, para expresar "«la vida espiritual del artista»".

El color sigue una línea natural de purificación, un impulso ascendente hacia la pureza, hacia lo determinado y neto. Ved sus ocres antiguos, sus rojos de ayer, su limpio coral de ahora o sus amarillos de siempre. No aprendidos en la escuela, ni en el cuadro ejemplar, sino aprehendidos en la categórica tierra castellana, donde todo tiene color definido y limpio. Y hoy como ayer los colores fueron empleados con plena consciencia de su significado, de lo que representa las gradaciones, los matices y contrastes derivados de las distintas tonalidades. La pasta, distribuida como Palencia la emplea, realza la fuerza y la intensidad del color, dándole la exactitud conveniente a la pretensión del artista. Pues nuestro pintor sabe que el color es el medio más seguro de impresionar al contemplador, de comunicarle, con signos poderosos, la inquietud que dio origen al cuadro.

El paisaje de Benjamín Palencia no es una copia de la naturaleza, sino la condensación de estados de ánimo suscitados por esa misma naturaleza y por estímulos de otro género. En realidad, Palencia se limita a expresar sus emociones adaptándolas a una estructura que la naturaleza le proporciona. Sus paisajes tienen una temperatura inusual, un latido exaltado y vibrante, una fecunda vitalidad, que por ser expresados con acendrado vigor plástico se apoderan violentamente del espectador y, trastornando su sistema de valores, le obligan a aceptar los establecidos por el pintor.

Pintura rutilante y potente, llena de remansada fuerza, luminosa y rica, creada por un artista cuyo pincel sirve con pasmoso rigor las inspiraciones que lo mueven. Pocas veces la pasión de pintar se ha manifestado con tan fulgurante entrega a los derroches del color, con ritmos tan contundentes, tan atractivos, tan seguros de sí.