ARTICULOS DE OPINION


Revista digital de arte, cultura y opinión en Alicante. Enlace con POESIA PALMERIANA. En estas páginas no podemos estar ajenos a lo que pasa en España ni en el mundo. Dirigida por el escritor, poeta y pintor Ramón PALMERAL. Los lectores deciden si este blog es bueno, malo, o merece la pena leerlo.

sábado, 11 de abril de 2020

Esta mañana salí a correr, temprano. Por Juamen Pérez Llombert. Tenerife

Diario del aislamiento

Día 28

Esta mañana salí a correr, temprano. Dejé atrás Caleta del Sebo con las primeras luces. Los surcos de la carretera (ondas de arena y tierra) castigaron mis tobillos; lo justo, sin consecuencias. Subí los dos kilómetros que llevan al punto donde el camino se parte en tres. Dudé. Todas las rutas son espectaculares. Finalmente decidí […]
Esta mañana salí a correr, temprano. Dejé atrás Caleta del Sebo con las primeras luces. Los surcos de la carretera (ondas de arena y tierra) castigaron mis tobillos; lo justo, sin consecuencias. Subí los dos kilómetros que llevan al punto donde el camino se parte en tres. Dudé. Todas las rutas son espectaculares. Finalmente decidí bajar a Las Conchas, al noroeste. Pasé de largo, hacia la playa del Ámbar. Ese lado de la Isla es mágica (como el resto). No quise bajar a Pedro Barba, hice el rodeo por la montaña. Unos kilómetros más (la subida es corta, pero exigente) y de regreso al pueblo; baño en la playa, y a desayunar. Correr por La Graciosa, a primerísima hora, en ayunas, descamisado, sin mapa (me la sé de memoria), palmo a palmo, a derecha o izquierda, por Pedro Barba o rodeando la playa de la Cocina, en fin, no es algo que se deje explicar fácilmente. Sensaciones. Paisajes. Cuando entré en el pueblo la cinta de correr que tengo en casa indicaba -en la pantalla- que llevaba doce kilómetros, tantos minutos, cual velocidad, tantas pulsaciones.

Carreras mentales de cuarentena, recursos, trucos para dar esquinazo al encierro. Cada día elijo un trayecto. Ayer corrí por Celorio; llegué a Yanes, a poco más de siete kilómetros de Arredondo. La Graciosa. Celorio. Pedazos de nuestros mundos favoritos. Regresos tatuados a fuego. Futuros pluscuamperfectos. Planes para no flaquear, luces que mantengan a raya la tristeza que nos ronda (y muerde, a veces). Quienes corremos tenemos las distancias de nuestros recorridos preferidos en la cabeza. Estos días he corrido sobre la cinta por un montón de ciudades: París. Amsterdam. Praga. Berlín. Lisboa. También por Santa Cruz. Me la conozco al milímetro. Voy viendo (mentalmente) cada parterre, cada esquina, cada marca sobre la acera, cada corriente de aire cuando pasas por María Jiménez o subes hacia Tahodio. Aterrizo. Vuelvo. Me sacudo la arena de los pies, dejo La Graciosa para regresar al confinamiento.
Tengo anotado algo sobre Sánchez. Estoy convencido de que en quince días tendré que pedir otra prórroga -así lo dijo, en el Congreso-. Jugó sucio. Quiso con esa frase (forzada) invadir los informativos con un titular que tapara (silenciara) titulares de otros, frases horneadas por otros. Feo.

Imperdonable. No era el día. Desmoralizó a millones de confinados cuando no tocaba, ayer no. Disfrazó de primicia algo que ya había dicho el sábado anterior, jugó a que pareciera nuevo algo que no lo era. Prórrogas [hata el 26 de abril], sí, pero con las restricciones moduladas o territorializadas; ya lo había contado, hace días. Sánchez refritó a sabiendas. No tiene un pase. Tampoco lo tiene personalizar la decisión; no es él quien debe estar convencido, sino los expertos. Su pose presidencial agota, aburre -molesta-. Echo un vistazo a otras notas que voy haciendo a lo largo del día, para volcarlas en el diario; pero decido guardarlas. Sin pretenderlo he consumido el diario contando mi carrera por La Graciosa. No me apetecían frases cargadas de virus; que le den al virus, que se joda.